sábado, diciembre 22, 2012

David Lynch por Jeremy Saunders (2)


(Quítate el sombrero y adéntrate en esta caja, oh lector crepuscular, para acceder al ladrido que hace una semana dedicamos ya a la faceta lynchiana del ilustrador inglés.)

domingo, diciembre 16, 2012

Sandy Hook, otra piedra en el camino

De un tiempo a esta parte, en China existe una macabra trágica moda: perturbados que entran en guarderías para asesinar a todos los niños posibles. Claro que China no es Estados Unidos, así que en vez de armas de fuego se sirven de machetes, cuchillos, hachas... Resulta evidente que el loco que quiere matar, que quiere hacer daño, de un modo u otro matará y hará daño. Tampoco hay que realizar un ejercicio de pragmatismo muy exagerado para decidir que, ya puestos, mejor que tenga a su alcance "solo" un cuchillo que un rifle de repetición. 

Pero dejemos al loco, bajemos dos escalones, pasemos al sujeto sencillamente airado, brevemente alterado. Las armas de fuego contribuyeron a fundar Estados Unidos, un país relativamente joven, y de ahí el agradecimiento que aún les presta la Constitución. Las armas de fuego suelen quedar bien en las películas, resultan "cool". Y dan distancia: no es lo mismo salpicarte de sangre en la inmediatez del apuñalamiento que disparar limpiamente a cinco, siete, diez metros... Por todos esos motivos, las armas de fuego resultan particularmente peligrosas. Según cómo, tras una discusión de tráfico, durante una pelea familiar, se hace más sencillo psicológicamente ir a por tu pistola que soltar un puñetazo. Muchas, muchísimas son las personas, en Estados Unidos como en cualquier otra parte del mundo, que carecen de la madurez y la frialdad como para poseer un arma de fuego. Por ello, principalmente, las armas de fuego no deberían estar al alcance del común de la población. 

Volvamos ahora a Connecticut. O a Virginia Tech. O a Columbine. Y ejerzamos el demagógico arte de la comparación. Una somera búsqueda de Google ofrece varios resultados chinos: tres niños muertos, siete niños muertos, otros siete niños muertos, veintinueve niños y tres adultos apuñalados... Aterrador, te hiela la sangre. Pero en Columbine fueron 13, los asesinados. En Virginia Tech, 32. En Connecticut, 26. ¿Se puede medir ese salto? Pues sí. Porque cada una de esas muertes es una tragedia, en la China como en Estados Unidos como en Marte. Pero hay un espacio donde la tragedia no se consuma, donde el arma blanca no logra llegar, donde la vida sigue. No se trata de poner muertes en cada plato de la balanza, sino de algo mucho más difícil: distinguir las vidas que han escapado a ese desastre particular, las vidas que permanecen. Pero Estados Unidos no lo comprenderá. Porque Estados Unidos, claro, es una tragedia de Ibsen amplificada por el altavoz sangriento de Shakespeare


San Diego: collage de aproximaciones


sábado, diciembre 15, 2012

jueves, diciembre 13, 2012

Wilco en el Gran Teatre del Liceu (15/10/12)



Se mire por donde se mire, sumar una tercera visita en once meses, al punto que cabe la duda entre hablar de tres giras o de una sola, ha de tener sus consecuencias. Para bien, la aparentemente sencilla perfección con que la banda ejecuta los primeros siete temas, desde Misunderstood hasta Born Alone. Para mal, el cansancio que se hace patente durante la primera tanda de bises, con un deslucido Jesus, Etc. como punto más bajo. Y, para regular, un fin de fiesta tirando a extraño, motivo de orgullo para los amantes de la estadística hinchada (veintisiete canciones en 140 minutos) pero falto de esa chispa de magia propia del concierto excepcional que Wilco ya ha ofrecido, con el roadie descamisado y serpenteante como símbolo, durante Hoodoo Voodoo, de que el círculo no ha acabado de cuadrar. Quizá, cierto es, nos hayamos vuelto demasiado exigentes. Quizá nos cueste aceptar a Tweedy y compañía medio punto por debajo de la excelencia. Quizá debamos admitir que correríamos tras ellos si volvieran a tocar mañana, por no decir esta misma noche, de aquí a quince minutos. Son tan y tan grandes que hay quien les discute la presencia y ascendente de Nels Cline, fíjense.

(Esta reseña ha aparecido en el número de diciembre de Go Mag.)

miércoles, diciembre 12, 2012

En busca del Templo de los Monos



Desde hace algunos meses, la hermana pequeña de este ladrador crepuscular ejerce de azafata para la aerolínea de cierto país de Oriente Medio. Así las cosas, sobre estas líneas, la postal que le remitió desde Katmandú durante su primera estancia nepalesa, que el susodicho ladrador agradece cual mono templario y de la que (sin presiones, claro) espera sea la primera de varias.

sábado, diciembre 08, 2012