sábado, abril 27, 2013

lunes, abril 22, 2013

Dos elefantes se balanceaban...

Marta y Łukasz fueron de viaje de bodas a Thailandia, que les pareció mucho más calurosa que España y donde hicieron amistad con los protagonistas de esta postal, que ladradoramente les agradecemos.

sábado, abril 20, 2013

viernes, abril 19, 2013

70 años del Levantamiento del Gueto de Varsovia


* Aquí y aquí, los dos ladridos en los que comenté el libro Ganarle a Dios (Edhasa), donde Hanna Krall entrevistó a Marek Edelman, uno de los líderes de la revuelta. Es, posiblemente, una de las cinco o seis obras más importantes que he leído nunca.

* Aquí, panorámica del gueto tras la revuelta, cortesía de Wikipedia que nos permite apreciar que no quedó piedra sobre piedra.

* Y aquí, mi adiós a otro de los nombres propios del gueto.

Sweet e-motion (34)

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jueves, abril 18, 2013

sábado, abril 13, 2013

jueves, abril 04, 2013

"Tierra" de David Vann

Hasta el momento, las cicatrices de David Vann se habían plasmado literariamente sobre la geografía de la Alaska insular: Sukkwan fue donde su padre se voló la tapa de los sesos; Caribou, donde la madre de su madrastra asesinó a su marido y se suicidó. El escenario de Tierra, pues, no podría ser más diverso: el tórrido Valle Central californiano. Y, aún así, los surcos que atraviesan su quemada superficie vuelven a antojársenos heridas abiertas; si no sangrientas, supurantes. Hay realidad de fondo: al igual que Galen, su “héroe”, Vann fue en los 1980 seguidor de la espiritualidad New Age, tal y como lleva a día de hoy varios años sin hablarse con su madre. Ahí, el desencuentro que preside la novela, con una doble herencia familiar (pecuniaria por un lado, traumática por el otro) y una prima adolescente cuya sexualidad explosiva prenderá la mecha de la tragedia. Los ingredientes no ofrecen respiro y su puesta en escena, menos. Frente a la dispersión que afectaba a Caribou (el mismo escritor confesó que hasta la página 100 no supo quién era el protagonista del relato), Tierra regresa a los parámetros de Sukkwan: un único personaje principal zarandeado por su circunstancia, abocado a un desastre que el paisaje a su alrededor no hace más que amplificar. Y el libro vuelve a doler, se nos clava de nuevo en toda su sincera desnudez, deja el poso de la experiencia a la que no queremos renunciar, pero que tampoco deseamos repetir. Hasta el próximo Vann, claro.

(Esta reseña apareció en el número de marzo de Go Mag.)