sábado, mayo 14, 2011

El asombroso mundo del cameo (19)


Michael Keaton (como un operario de mantenimiento que aspira a sobrevivir un día más en el edificio de la NBC antes de retirarse) y Tom Hanks (en el papel de Tom Hanks, actor aficionado al patchwork que tiene en su mano decidir quién pinta algo y quién no en el mundo de la interpretación) fueron los dos invitados especiales al episodio número 100 de 30 Rock.

jueves, mayo 12, 2011

My Own Private Top-10 Editors-In-Chiefs from Movies and TV

En la muerte del top-8 de esta lista, un pequeño homenaje a los redactores-jefe de mi trayectoria espectadora. Y sí, el top-1 fue más jefe que redactor, pero qué duda cabe de que dirigía la línea editorial de su(s) periódico(s):

10) Helen Mirren en State of Play de Kevin Macdonald (2009)
9) Walter Matthau en The Front Page de Billy Wilder (1974)
8) Jackie Cooper en Superman de Richard Donner (1978)
7) Humphrey Bogart en Deadline - U.S.A. de Richard Brooks (1952)
6) J.K. Simmons en Spider-Man de Sam Raimi (2002)
5) Jack Warden en All the President's Men de Alan J. Pakula (1976)
4) Clark Johnson en The Wire. Season 5 (2008)
3) Ed Asner en Lou Grant (1977-1982)
2) Cary Grant en His Girl Friday de Howard Hawks (1940)
1) Orson Welles en Citizen Kane de Orson Welles (1941)

martes, mayo 10, 2011

Fotogramas titulares (60)

"Los Lemmings" de Fabián Casas

Nos revela Wikipedia que la leyenda del suicidio en masa de los leminos se sustenta en una sola prueba visual: un documental de Disney fechado en 1959, galardonado con el Oscar y donde parece que fueron los propios realizadores quienes orquestaron el comunitario salto a la gloria de la marabunta roedora. La metáfora, no obstante, sigue resultando válida para la mayoría de relatos de esta breve, jugosa recopilación: aquéllos en los que el autor vuelve la vista atrás para dirigirla hacia su juventud en el barrio de Boedo, días afines al primer amor y la segunda decepción, que transcurren al son de los discos de Led Zep, entre amigos que lenta pero certeramente van cayendo en la droga y otras formas de autodestrucción, enfrentamientos entre patotas rivales incluidos. Hay épica juvenil y lírica adulta en el retrato, tal y como funcionan a la perfección los juguetones registros coloquiales de los distintos personajes. Pero, más allá del testimonio generacional, insistimos que brillante pero varias veces leído (imposible no emparentar a su Máximo Disfrute con el pícaro casavelliano de Los juegos feroces, por ejemplo), Casas se trae otro souvenir de su juventud: la prestidigitación del potrero, esa gambeta que amaga por aquí para salir algo más allá, derrotando tanto la expectativa como el sentido común, y que nos lleva a ponernos en pie para, entre asombrados y entusiasmados, aplaudir a rabiar ante piezas como La mortificación ordinaria o El relator.

(Esta reseña ha aparecido en el número de mayo de Go Mag.)

domingo, mayo 08, 2011

Falling In Love Is Hard On the Knees (59)



The Nature of Our Kind, procedente del último trabajo de Vandaveer, Dig Down Deep (y sí, me hace pensar en los mejores Grant Lee Buffalo.)

sábado, mayo 07, 2011

¿A qué temperatura arde el cinismo?

Lo hemos leído o visto en infinidad de ocasiones, desde el orwelliano 1984 hasta el Fahrenheit 451 de Bradbury, pasando por todo Philip K. Dick y tropecientas producciones norteamericanas con Will Smith o Matt Damon corriendo arriba y abajo de la pantalla: cuando el héroe tiene los machos de denunciar una conspiración global de la que participan las más altas esferas, cuando a raíz de ello se descubre despedido y desahuciado, abandonado por la novia y el hámster, perseguido por sujetos con gabardina y sombrero calado, y llorando la muerte de algún fiel confidente que se hallaba a tan sólo veintisiete minutos de jubilarse, cuando todo eso sucede, en fin, el héroe puede derrumbarse bajo el peso de la nada o enfadarse mucho y contraatacar con todo, pero lo que no hace nunca, jamás de los jamases, es poner cara de sorpresa y clamar que ignora por completo los motivos de su caída en desgracia.

Aunque no haya comentado en persona el castigo de que ha sido objeto por parte de la UEFA (cinco partidos de sanción y 50.000 euros de multa), Mourinho ha hablado. Y lo ha hecho, como en otras ocasiones antes, a través de Aitor Karanka, una suerte de Mini-Me a quien algún amigo (o quizá el mismo hermano de este ladrador crepuscular) rebautizó hace poco como Mini-Mou. Su mensaje, en cualquier caso, consistente en afirmar que se le escapan cual lagartijas las causas de tal condena, es el del pederasta que se ha colado en la jornada de puertas abiertas de un parvulario: el disimulo revela su conciencia del crimen, la cara de no haber roto un plato en seis reencarnaciones denota un cinismo ante el que la escala Richter solicitaría nuevos valores.

El asombroso mundo del cameo (18)


(Pink, el Nobel de economía Paul Krugman, el harrypotteriano Tom Felton y el metálico Lars Ulrich fueron algunos de los invitados a interpretarse a sí mismos en la típica pero correcta y a ratos bastante divertida Get Him to the Greek.)

DEP



Severiano Ballesteros (1957-2011) - Cuando se podían contar con los dedos de una mano los deportistas españoles que ganaban algo internacionalmente, Seve era uno de ellos. Y hablaba inglés. Y era entrañable. Y adiós, campeón.

Vader, en sus propias palabras


(Cortesía del diseñador gráfico norteamericano Jonas Fleuraime, cuya página web vendría a caer aquí mismo.)

miércoles, mayo 04, 2011

martes, mayo 03, 2011

Clásico 4: ¡Se acabó!


Hay que ser un genio o tener mucha suerte para que un epílogo altere dramáticamente lo sentado en los tres actos precedentes; de hecho, el espectador rara vez recibirá con amabilidad un cambio tan pronunciado, y poco importa que ese capítulo final se vaya, como en este caso, a los noventa minutos de duración. Se acabó la serie y buena señal del peso psicológico que ha acabado sumando fue el hecho de que el ganador de este postrero doble round se quedara en el campo a la conclusión del partido, celebrando como si de un título se tratara su pase a la final. De igual modo, los discursos ya establecidos en cada equipo tuvieron tanto peso como el juego desarrollado (en esta ocasión, a ratos, a la altura de las circunstancias): los unos encontraron su razón de ser amasando la pelota hasta volverla indigesta y los otros se marcharon maldiciendo a voz en grito la labor arbitral. Por partes, pues...

Medio tiempo le aguantaron al Barça las piernas. Cierto es que tardó en superar la primera línea de presión, pero una vez lo consiguió se iba a plantar hasta siete veces en el área rival, fase en la que algún exceso en la conducción de Messi y la escasa maldad de Villa y del propio 10 en la definición sirvieron para colocar nuevos ladrillos en el pedestal de San Casillas. Pero los de casa tardaron demasiado en regresar del descanso y en la reanudación se los notó fríos, desconectados, iluminados puntualmente por un gol que definía no pocas de sus virtudes (pase clarividente de Iniesta y Pedro que controla con la diestra para remachar duro y al ángulo con la siniestra), retratados a continuación en el tanto del empate (una triangulación en corto y de espaldas que Xabi Alonso supo leer, interceptar y descargar sobre Di María, quien respondió con un regate de lujo, un zambombazo al poste y, tras el rebote, un pseudo-pase de la muerte a Marcelo) y sostenidos hasta el final por su actitud defensiva, ésa que comienza con la presión de Pedro y Messi, y que culmina con el desmelene de Puyol, el sentido táctico de Mascherano y los cortes al filo de Piqué-piernas-largas. Suyas fueron las ocasiones de gol y suya fue la retórica: con todo ello en la balanza se ganaron los de Guardiola el billete para Wembley.

En el otro lado de la vida, el Madrid no acabó de ser el Madrid. Pero se acercó, motivo suficiente para que nos preguntemos qué hubiera sido de esta eliminatoria si desde un principio la hubiera disputado con cuatro o cinco jugadores en terreno enemigo. La alineación del dúo Karanka-Mourinho rozaba el 4-2-4, planteamiento arriesgado que triunfó por momentos gracias al desgaste de Lass y Xabi, que en otros se vino abajo por su inferioridad numérica en la medular, y que en definitiva condujo al único tanto blanco en los 180 minutos de eliminatoria: no es lo mismo robar el balón en campo propio que en los tres cuartos ajenos. Las malas noticias, una vez más, vinieron dadas por el desencuentro Higuaín-Ronaldo, por una muy pobre estadística ofensiva (apenas tres disparos a puerta: los dos de la jugada del gol y el de la acción polémica del partido) y por un acceso de arbitritis cuando el 1-1 y los 27 minutos que restaban invitaban a centrarse en la remontada. Que un tipo generalmente centrado como Casillas cayera en la trampa y protestara faltas bastante claras aludiendo con gestos a la jeta del mundo mundial (es lo que tienen las conspiraciones: son todos contra uno) resulta bastante indicativo del daño que el discurso victimista de Mourinho ha hecho en el vestuario de Chamartín.

Instante en que todas las miradas se dirigen hacia el de amarillo, por más que Frank de Bleeckere intentara pasar desapercibido. Unos le recriminarán que hiciera lo imposible por no expulsar a Carvalho (la primera amarilla fue algo rigurosa; no así las siguientes dos o tres de que se hizo merecedor); los otros lanzarán espumarajos durante años recordando la jugada que anuló y que acabó con gol de Higuaín. A diferencia de la expulsión de Pepe, aquí sí se trató de una acción determinante (se puede ganar e incluso remontar con diez, pero es condición sine qua non por lo menos intentarlo). Y, en efecto, la decisión es discutible: considera que no hay falta de Piqué (a mi juicio en efecto no la hay, aunque sin duda otros la hubieran pitado) y que por tanto existe voluntariedad de Ronaldo en la consiguiente caída de Mascherano. Lo dicho: se puede discutir al respecto. Pero mal irá el Madrid si insiste en considerar que la labor arbitral ha sido la única causa de su eliminación; con más juego y menos obsesión, la segunda parte de esta noche hubiera sido suya. Y flor de epílogo que hubiera tenido la cosa.

La lectura y sus disfraces


(Una campaña de la lituana Love Agency.)

"Source Code" de Duncan Jones

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Para ulular lastimeramente:

Que la sencillez de su propuesta no... Que la sencillez y la concentración de su propuesta lleve a algunos a... Que su linealidad y concreción, con apenas tres escenarios básicos, impida verla como lo que es: un clásico instantáneo de la serie más o menos B de corte fantástico. [Estas tres oraciones han sido redactadas en el mismo lapso cronológico, si bien en sendas dimensiones paralelas.]


Para aullar efusivamente:
Su ritmo juguetón. Su eficiente banda sonora. Su disciplina a la hora de no ir más allá de los austeros recursos que desde un principio se autoimpone
. Los pequeños grandes giros de su guión. Y que logre emocionar puntual y sutilmente, esa asignatura pendiente del fantástico contemporáneo, siempre tan pendiente del tamaño de sus efectos especiales o de buscar el nihilismo a través del gesto anestesiado.

El juicio crepuscular:
(Ojo: spoilers) Un hilo de Blade Runner, otro de Solaris y un guiño en forma de aguja al Major Tom de varias canciones de su señor padre: así cosió Duncan Jones ese debut celebrado con justicia que fue Moon. Si los ingredientes que regurgita con su segundo trabajo resultan más variopintos (Groundhog Day, Johnny Got his Gun, Quantum Leap...), su saber estar tras la cámara sigue siendo el mismo. Ignoramos cuánto tardará Hollywood en estropearlo ofreciéndole una superproducción sobre la que no disponga del final cut, pero, mientras tanto, su mirada fresca a la par que respetuosa nos está ofreciendo hermosas y sorprendentes alegrías.

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lunes, mayo 02, 2011

80 años y 1 día

Son los que cumple hoy el Empire State Building, rascacielos legendario cuyo imponente perfil ha seducido a gorilas gigantes, parejas con algo para recordar y ladradores crepusculares por igual.



(La imagen procede de la serie neoyorquina de Mario Krmpotic', que puede ser consultada y disfrutada en este blog.)

Sant Jordi 2011

sábado, abril 30, 2011

DEP


Argentina, quizá como ningún otro país, tiende a exigir a sus mitos literarios un perfil humano intachable, circunstancia que no deja de antojársenos próxima al oxímoron. Humano, y por tanto tachable para quien necesitara darse a tales ejercicios, fue Ernesto Sabato, que comenzó como físico y acabó convertido en uno de los cuatro grandes del siglo XX narrativo a orillas del Río de la Plata. Le faltaban dos meses escasos para volverse centenario (1911-2011), guarismo ciertamente anecdótico. No lo son, en cambio, su obra ensayística y su breve labor novelística, presidida a juicio de este ladrador por un Sobre héroes y tumbas que en dos ocasiones me dio crepuscular vuelta y que seguirá sumiéndome en lúcidas sombras cuantas veces lo retome. Descanse en paz.

Fotogramas titulares (58)

Superheroicos cómicos en cómic


(Cortesía de Old Red Jalopy.)

jueves, abril 28, 2011

My Own Private Top-10 Natalie Portman Movies

10) Star Wars: Episode III - Revenge of the Sith de George Lucas (2005)
9) Garden State de Zach Braff (2004)
8) Everyone Says I Love You de Woody Allen (1996)
7) My Blueberry Nights de Kar Wai Wong (2007)
6) V for Vendetta de James McTeigue (2006)
5) Closer de Mike Nicholls (2004)
4) Black Swan de Darren Aronofsky (2010)
3) Heat de Michael Mann (1995)
2) Beautiful Girls de Ted Demme (1996)
1) Léon de Luc Besson (1994)


miércoles, abril 27, 2011

Clásico 3: Aquí el balón, aquí la conspiranoia


Sucede en no pocas películas de género negro que el detective acaba desenmascarando a los sospechosos por la excesiva similitud con que éstos presentan su coartada, pactada y ensayada, gestada en la siempre perfecta imaginación antes que condicionada por los azares de la dura realidad, donde dos percepciones rara vez arrojan el mismo testimonio. Tras el partido, las dos estrellas del Real Madrid, José Mourinho y Cristiano Ronaldo, sostuvieron al alimón que el objetivo final era el 0-0 y que la expulsión de Pepe (a CR7 se le olvidó calificarla de injusta) había impedido el guión lógico que iba a conducir a tal resultado: Kaká por Lass e irse un poquito arriba; esto es, por fin cruzar la línea del medio campo dando cinco o seis pases seguidos, quizá incluso mejorar en dos o tres puntos una posesión que en aquel momento volvía a ser de un 29-71% favorable a los visitantes.

Vio Pepe la roja, en fin, y el crimen perfecto del 0-0, todo cuando el mejor entrenador del mundo puede ofrecer a 60.000 de sus aficionados en unas semifinales de la Champions, se vino abajo en dos latigazos: Afellay logró a la primera lo que un aún renqueante Pedro no había conseguido en toda la noche, pretender irse de Marcelo en velocidad y conseguirlo, y Messi fue Messi (es decir, el mejor jugador del mundo) tras una nueva velada entre contemporizadora y frustrada. Vale la pena detenerse en ello... El Barça se vio sorprendido por las escasas revoluciones con que su blanco oponente planteó el encuentro, aún más italiano, con diez defensas y un solo punta, CR7, desesperado por ser el único que acudía a la presión. La pelota era suya como una vez más volvía a serlo el exceso de respeto, el miedo pánico a perderla combinando y a amparar con ello una contra mortal. Se acercó el once azulgrana a Casillas, sí, pero jamás dio verdadera impresión de poder marcar: eran ataques a los que se llegaba con pocos efectivos, un desmarque de Xavi, una carrera heroica de un notable Villa, poco más. ¿Se hubiera mantenido el empate caso de no haberse ido Pepe a la caseta? Nunca lo sabremos y ésa es la única verdad que podemos ofrecer sin que nuestra faz enrojezca.

Por el contrario, con el 0-2 aún caliente en el marcador, Mourinho acudió a la sala de prensa y comenzó dándole toda la razón a Pep Guardiola: fue el puto amo. Recibió Villar, que estará acostumbrado, pero también UNICEF, que no lo estará tanto. Recibieron todos los árbitros de todos los partidos europeos en los que él ha perdido o el Barça ha ganado. Recibió el mundo del fútbol en general y la última Champions azulgrana en particular, amén del pueblo catalán (es de suponer que pasaban por ahí todos juntitos, los siete millones, hablando en latín susurrado cual pérfidos judeomasones salidos de una novela de Dan Brown).

Como ladrador comprometido con un retrato más o menos cuerdo de lo acontecido esta noche, difícilmente puedo extenderme en lo esgrimido por el entrenador merengue, no a menos que quiera dar entrada a saltimbanquis, osos en monociclo y platillos volantes camuflados en el relleno de las aceitunas (esto es, un plan de la UEFA para que el Barça... ¿gane a veces y otras, las más, no?). Sí, quizá, deba mojarme en cambio tratando algunos de los apartados protagonistas de la polémica. Aquí van, a modo de colofón:

* No sólo Milito y Pinto deben ser sancionados por su participación en el altercado del túnel de vestuarios; el segundo, además, debería rendir cuentas ante su club. Una lesión, una mala salida de Valdés, y la portería del Barça hubiera quedado durante a saber cuántos minutos en manos de un jugador de campo. Ni todo el sentido del humor del mundo justifica su actitud violenta para con el contrario y su falta de responsabilidad para con los colores propios.

* Una plancha como la de Pepe tiende a ser amarilla cuando los tacos apuntan al suelo; por haberse estampado en este caso contra la tibia, la roja pinta merecida.

* El árbitro, una vez más, se quedó corto con las tarjetas: merecieron otra amarilla Ramos y quizá Busquets, por manos (el central blanco la vería más tarde); Marcelo, por pisar a Pedro y soltar el brazo en un par de ocasiones; Arbeloa por desentenderse del balón para placar dos carreras azulgranas; Keita, Messi y Lass, por reiteración de faltas; y Adebayor por cometer infracciones con brazos o piernas en todas y cada una de las ocasiones en que quiso presionar a un oponente.

* Imposible no volver a Mourinho: expulsado por menospreciar al trencilla, siguió impartiendo órdenes escritas a sus ayudantes y, en la ya comentada y sin duda famosa rueda de prensa, acusó de fraude, tráfico de intereses y corrupción a (de nuevo, ahora de carrerilla) UNICEF, la UEFA, Ángel María Villar, cinco o seis árbitros internacionales y, claro está, last but not least, el F.C. Barcelona. La sanción debería estar a la altura del espectáculo por él ofrecido, infinitamente superior al de su equipo durante los 300 minutos que llevamos acumulados en esta tanda de clásicos.

Caridad galáctica con reminiscencias niponas


(Obra de Morkymer, diseñador canadiense dueño de esta página de DevianArt.)

"Voyage d'hivern", de Amélie Nothomb, en tres citas

"Puestos a ponerme el nombre de un sofista, no habría tenido nada en contra de Gorgias, Protágoras o Zenón, cuyas inteligencias siguen intrigando todavía hoy. Pero llamarse igual que el más estúpido y despreciable de ellos no me predisponía precisamente a un brillante porvenir."

* * *

"Enamorarse en invierno no es una buena idea. Los síntomas son más sublimes y más dolorosos. La perfecta luz del frío estimula el deleite sombrío de la espera. Los escalofríos realzan el desasosiego. Quien se enamora por Santa Lucía se expone a tres meses de temblores patológicos."

* * *

"Me gustaría que los americanos vieran nuestro tándem. Se burlan de la concepción que nosotros, los europeos, tenemos de la creación literaria: sostienen que, como materialistas que somos, nos convertimos en irracionales teólogos cuando se trata de inspiración. Por eso, contrariamente a nosotros, sostienen que la escritura se enseña."

jueves, abril 21, 2011

Clásico 2 (y 2)


Hay muchas formas de jugar al fútbol y cada cual se arrima a la que más le conviene. Es lícito, pero no por ello admirable. Así las cosas, este ladrador no puede más que sonreírse perversa y crepuscularmente al descubrir que el Madrid trató anoche la Copa del Rey del mismo modo en que se había comportado con el balón algunas horas antes: lanzándola por los aires, cayendo antes en el atropello que en el juego. Y sí, era suya y podían hacer con ella lo que quisieran...

Millonarios sin carne ni hueso

Como si la riqueza real de algunos pocos fuera asumible por la mente de los otros muchos, la revista Forbes se ha dedicado, un año más, a escoger a los quince grandes potentados del mundo de la ficción. Son los que siguen, pero conste que, a este ladrador crepuscular, Forbes en sí se le antoja pura fantasía:

15) Jeffrey Lebowski (The Big Lebowski / Cine)
14) Gordon Gekko (Wall Street / Cine)
13) Chuck Bass (Gossip Girl / TV)
12) C. Montgomery Burns (The Simpsons / TV)
11) Jo Bennett (The Office / TV)
10) Arthur Bach, el soltero de oro (Arthur / Cine)
9) Mr. Monopoly (Monopoly / Juego de mesa)
8) Bruce Wayne (Batman / Cómic)
7) El dragón Smaug (The Lord of the Rings / Literatura)
6) Tony Stark (Iron Man / Cómic)
5) Jed Clampett (The Beverly Hillbillies / TV)
4) Richie Rich (Richie Rich / Cómic)
3) Artemis Fowl II (Artemis Fowl / Literatura)
2) Carlisle Cullen (Twilight / Literatura)
1) Scrooge McDuck (Donald Duck / Cómic)

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Clásico 2: Cuchilladas y psicoanálisis


Como si de un Pokémon se tratara, la transformación del Real Madrid al italianismo constó de dos fases. El sábado pasado se descubrió aceptado por su público pese a haberse tirado noventa minutos jugando al pelotazo, con un mísero veintisiete por ciento de posesión al final del partido. Y, toda vez sembrado el huevo de la serpiente, esta noche se presentó en Mestalla con los tacos por tarjeta de visita y la consigna de protestar al árbitro todas y cada una de las faltas a las que su concienciada y convencida política de trincheras y bayonetas abocaba. La táctica de Mourinho, a la que Pepe y Xabi Alonso vieron la amarilla y el cansancio comenzó a vestir de blanco, podría haber acabado en forma de implosión. Pero, desgraciadamente para el Barça, admitía antes un desvío. Una salida que en el Inter del año pasado se llamaba Milito y que en el Real aparece perfeccionada bajo el maquinal acrónimo de CR7. Pese a no haber cazado ni uno de los balones que le habían llovido del cielo, pese al desgaste de decenas de carreras bien cubiertas por los centrales y laterales azulgranas, Ronaldo no se rindió. Y, en una de esas, remató como los grandes un centro medidísimo de Di María. Restaban dieciséis minutos de prórroga pero el Barça no se recuperó ya del mazazo.

En el otro lado de la vida, los de Guardiola habían comenzado el partido como si no hubieran pisado la ducha tras el del sábado pasado: sobreexcitados, cayendo en la provocación, persiguiendo al árbitro cada vez que éste detenía el juego... Ese desencuentro respecto a su estilo habitual (sumado a la insistencia de Villa por buscar el desmarque hacia dentro y a una excesiva conducción en el medio campo) equivalió a regalarle media parte al rival. Se enmendaron en la reanudación, sí: Iniesta dio señales de vida, Pedro comenzó a pisar el área contraria, Messi y Alves pasaron a combinar por la banda derecha... La cosa pintaba madura pero, a la que el árbol blanco se veía agitado, ahí aparecían los guantes de Casillas para negar el fruto decisivo. Así fueron pasando los minutos, entre escuadras y cartabones, con un Mascherano imperial a la hora de barrer la retaguardia. En el último instante, Pinto se sumó al festival cancerbero con una manopla de ángel. Y, cuando la prórroga se preveía favorable para el equipo que menos había corrido tras el balón, éste se desfondó también, víctima en definitiva de la crisis de identidad de su delantero centro (once partidos suma Villa sin marcar) y de un Messi que tampoco logra desprenderse de las frustraciones que últimamente le acompañan.

Mereció el Madrid, pues, el triunfo. Por su intensidad a uno y otro lado de la ley. Por su ordenado posicionamiento a cara de perro. Porque su delantera le redime del cinismo italiano que se ha apoderado de su defensa y medular. Y sale tocado el Barça, incapaz de plasmar su superioridad estética y moral, firmante de un único, mísero tanto en 210 minutos de juego. Y de penalti. De su capacidad para encajar el guantazo y hacer psicoanálisis dependerá por completo el resultado de la inminente semifinal de Champions.

miércoles, abril 20, 2011

The Art of Todd McLellan


(Aquí, la página web del artista norteamericano y, visto lo visto, candidato número uno a la presidencia de la Asociación del Destornillador.)

domingo, abril 17, 2011

El tiempo corre en la Ciudad que Nunca Duerme

new york city.
from James Ogle
on Vimeo.

Clásico 1: Las malas noticias


Se desencadenaron las hostilidades y, como corresponde a un empate de estas características, con tres batallas decisivas guardando cola, ambos contendientes optaron por destacar que sus respectivos vasos continúan medio llenos: que si ejercicio de casta por aquí, que si la Liga a punto de caramelo por allí. Nada que no supiéramos antes de comenzar a jugar; señal de que el interés, la novedad por lo menos, radicará en un apartado de malas noticias que diligentemente remitiremos al casillero de cada protagonista:

Rincón blanco - Ocho jugadores defendiendo, tres corriendo al pelotazo. El Almería, actual colista de Primera, le jugó al Barça con mayor valentía hace siete días (no, claro está, con mejores efectivos en el último tercio de campo). Desde la mezcla de resultadismo y victimismo marca de la casa, Mourinho se sentirá reivindicado. Pero tanto el planteamiento, traducido en un veintipico por ciento de posesión, como la inédita connivencia del Bernabeu, que tradicionalmente sacó el pañuelo por mucho menos, revelan hasta qué punto el Madrid ha interiorizado su supuesta inferioridad respecto al Barça de la era Guardiola.

Rincón azulgrana - Tenían la Liga en el saco, lo mismo que la moral de CR7 (véase el modo en que bajó los brazos después de que Iniesta le robara el enésimo balón) y, posiblemente, el ascendiente de la serie (el 6-0 en el balance de victorias de los últimos tres años iba a hacer sangre). Con un jugador más, un gol arriba en el marcador y el rival desarbolado, la cosa invitaba a tirar de estoque. Pero, súbitamente descafeinados, Xavi y cia. decidieron dar la razón a quienes destacan los cada vez más pronunciados tropezones retóricos de su tradicionalmente jugoso discurso. La telaraña de Mourinho, con Pepe ejerciendo de Shelob en las piernas de la hobbitesca medular barcelonista, anuló primero a Iniesta y acabó sacando de quicio a un Messi que no se acaba de encontrar (vease su balonazo al público, signo de frustración antes que de agresión, como se está pretendiendo). La apuesta de Puyol, por otro lado, acabó como tenía que acabar: demasiado partido, éste, para un jugador que arrastraba tres meses de baja. Su reaparición no se hubiera forzado de tal modo frente a otro rival: pese a que el Madrid se comportó como un cualquiera, el Barça insistió en seguir tratándolo de usted.

El árbitro - El equipo que hizo veinte faltas y menos dispuso del balón recibió dos amarillas (la roja directa, fruto de una situación muy puntual, escapa a la tendencia); el que cometió doce se llevó cinco amarillas, al menos dos por protestar. Pepe, con cinco o seis infracciones, se fue de rositas, lo mismo que un Alves ya advertido, al que el penalti debería haber costado la expulsión. Habida cuenta que penales como el primero a Villa se han dejado de pitar antes y que los dos de la segunda parte parecen bien señalados, cabe sólo acusar a Muñiz Fernández de excesiva permisividad con las faltas locales y de cimentar la autoridad que no le presta el criterio a golpe de tarjetón.

jueves, abril 14, 2011

¡Más madera, es Tao Lin!

Ricardo Menéndez Salmón firma en La Nueva España una muy positiva reseña del Richard Yates de Tao Lin y, cobijándose bajo su ramaje, desde el Facebook de Héroes Modernos / Alpha Decay se lanza la siguiente dedicatoria con lacito:

Entrecomillado sublime para todos los D-Tractores de RICHARD YATES: "Tao Lin resulta, en efecto, tan directo que a menudo parece simbólico, y su obra, que ha merecido marbetes incendiarios y algo estúpidos -«El Kafka de la generación Facebook»-, no necesita de aquelarres comerciales para sostenerse como lo que es: una estupenda radiografía del malestar como destino y una magnífica demostración de que el viejo arte de novelar se contiene siempre en odres nuevos."
Sin el menor ánimo de polemizar con el autor de La ofensa, más consciente que muchos apólogos taolinescos de que la opinión no es un ladrillazo (se lanza la propia y se esquiva la ajena; en el mejor de los casos, levantamos muros con las que consideramos afines), este ladrador crepuscular constata que las visiones positivas de Richard Yates tienden a considerar lo que se cuenta frente al cómo se cuenta, opción perfectamente válida que, no obstante, llevada a un extremo, haría que más de un fanático madridista considerara Marca como literatura de primera calidad -o, en términos menos demagógicos, convertiría la serie Jackass, cuyos protagonistas son la versión cazurra del Haley Joel Osment de Tao Lin, en una cumbre de la televisión y el séptimo arte.

En mayo, Qué Leer dedicará su polémica crítica a este Richard Yates. Desde el rincón azul, Antonio J. Rodríguez celebra el libro. En el rojo, Antonio Lozano lo aborrece. Más cercano (tanto que se sube en sus zapatos) del segundo, es sabido, servidor no puede dejar de considerar una de las lanzas que rompe el primero, relativa a la "dimensión afectiva del relato". Obviamente, Tao Lin ha tocado un nervio. Hay quien se reconoce en sus personajes, hay quien encuentra vacíos propios amplificados en esta ficción ajena; también hay quien, como Menéndez Salmón, le celebra el carácter de "radiografía". Pienso en todo ello, pueden creerme. Intento valorarlo. Obviamente lo respeto. Pero, ante la vacuidad de la forma, los "odres nuevos" se me antojan mera anécdota, se agotan en sí mismos (hoy es Gmail; mañana, Twitter o una serie de canciones enlazadas por Spotify, tanto da). Y no necesito negar la existencia de criaturas como Haley y Dakota, como no pretendo descalificar sus emociones. Sucede que, a diferencia de los agónicos amores entre Romeo y Julieta, de los angustiados paseos neoyorquinos de Holden Caulfield, del brutal egocentrismo de Patrick Bateman, jamás logro interesarme por lo que Tao Lin me cuenta, jamás me siento llevado por el modo en que me lo cuenta; me aburro terriblemente con él, ese Gran Pecado Capital a ojos hitchcockianos, y le adjudico gran parte de la culpa por la desgana (para más inri voluntaria, afectada, propia de una pose pretendidamente cool) con que lleva a cabo su parte del contrato.

"El último día antes de mañana" de Eduard Márquez


(Esta reseña ha aparecido en el número de abril de Qué Leer.)

miércoles, abril 13, 2011

My Own Private Top-10 Sidney Lumet Movies

10) Before the Devil Knows You're Dead (2007)
9) Murder on the Orient Express (1974)
8) The Offense (1972)
7) Q & A (1990)
6) Network (1976)
5) Power (1986)
4) Serpico (1973)
3) The Verdict (1982)
2) Dog Day Afternoon (1975)
1) 12 Angry Men (1957)


martes, abril 12, 2011

Fotogramas titulares (54)


(No mentimos ni ladramos en vano al afirmar que, caso de que la última hora de película hubiera estado a la hilarante altura de sus primeros treinta minutos, echándole de paso un par de gotas de ambición realizadora, la cosa hubiera rozado el clásico instantáneo, brindis celeste entre Lubitsch y Capra incluido.)

The Art of John Brosio


(Aquí, la página web del pintor californiano.)

sábado, abril 09, 2011

DEP


Sidney Lumet (1924-2011) - Bastante más que un mero artesano del hollywoodiense thriller.