
(Aquí, la página web del estudio fotográfico madrileño.)




Niños que se extravían por voluntad propia y parejas que, por mucho que se esfuercen en coincidir, inevitablemente se acaban desencontrando. Sucede a partir de 1985: el infantil protagonista y Claudia se conocen pasando la noche al raso, tras el terremoto, e inician una amistad en la que ella le solicitará que espíe a uno de sus vecinos, un tipo solitario que a menudo recibe a individuos sospechosos. Años más tarde se redescubren como adultos, cuando las preguntas son otras porque a las viejas respuestas les sobra aire, el puzle ha crecido y ni las caricias logran llenarlo. Hasta ahí, partes uno y tres, la novela en sentido estricto. Entre ambos escenarios temporales, no obstante, una segunda esfera, las partes dos y cuatro, supuestamente más cercanas al diario: la separación del escritor y su esposa, la lucha por volver a acercarse evitando viejos errores, la labor literaria que a las duras y a las maduras da sentido a la existencia del primero. Tirando de hemeroteca, cayendo en la autorreferencia, al reseñar desde estas mismas páginas La vida privada de los árboles sugeríamos ya la necesidad de que Zambra diera un paso adelante. Formas de volver a casa repite en las cualidades de vuelo bajo y hondo intimismo, pero avanza en lo solicitado gracias a la resonancia, a las nuevas lecturas que surgen tras superponer sus mitades: aquí la reflexión moral sobre el papel de los padres en el Chile de Pinochet; allí, la elaboración metaliteraria sobre el proceso creativo.





No soy dura,
ocurrente ni estoica.
Me quedo mustia
después del vino, el sexo
y las conversaciones intensas.
Cuando se quedan vacías las calles
se enroscan a mi cuerpo.
Soy hembra.
Me asusto.

Emopop-rock. Dos son los males que suelen aquejar al individuo genial y es de suponer que pacer en el amable estado de Nebraska no soluciona este particular; hablamos, en fin, del cansancio y el tedio. Frente al esparcimiento de sus recientes trabajos al frente de la Mystic Valley Band, pese a su voluntad de pasar por “uno más” en la alineación del supergrupo Monsters of Folk, Conor Oberst superó la barrera de los 30 anunciando que el décimo álbum de Bright Eyes (vigesimoprimero de su carrera, si no nos fallan las cuentas) sería también el último bajo tal etiqueta. Cumpla o no la amenaza, el cambio de orientación entre la Americana precedente y el emopop presente resulta revelador. Menos regreso a ciertas raíces que huida hacia un lado, The People’s Key reincide en los intereses esotéricos y confesiones catárticas marca de la casa, y se mantiene por encima de la media ajena (Oberst es mucho compositor) mientras no alcanza a hacer justicia al listón propio: gajes de la genialidad.

"Han bastado poco más de 20.000 tunecinos para poner en cuestión uno de los mayores logros de la integración europea: la supresión de los controles fronterizos entre los Estados miembros establecida por el acuerdo de Schengen de 1985. Un dato ilustra a la perfección hasta qué punto Europa se dirige al abismo de la xenofobia: la supresión de controles internos entre los Estados miembros de la Unión Europea se puso en marcha en 1995 cuando, como consecuencia de la guerra de Yugoslavia, Europa tenía que hacer frente a una inmensa ola de más de 600.000 refugiados. Solo Alemania se hizo cargo de 345.000 personas, en un esfuerzo poco conocido y mucho menos reconocido, pero otros países también estuvieron a la altura: Austria acogió a 80.000, Suecia 57.000, Suiza 25.000, Países Bajos 24.000 y Dinamarca 20.000.
(...) Nadie ejemplifica mejor el sinsentido de esta Europa xenófoba que nos ha tocado vivir que los finlandeses, que según las estadísticas conviven con 98.500 inmigrantes no comunitarios (un ridículo 1,8% de su población). (...) Pese a ello, el partido de los 'auténticos finlandeses' ha arrasado con un mensaje populista y anti-inmigración en las recientes elecciones. Prepárense, porque es el futuro de Europa.
(...) En la Unión Europea hay 20 millones de inmigrantes no comunitarios, lo que representa apenas un 4% de la población. (...) Para empeorar las cosas, esta Europa a veintisiete que quiere impartir lecciones de democracia y solidaridad a todo el mundo solo tuvo a bien en 2010 aprobar 55.100 solicitudes de asilo. Países como Alemania, una vez más, asumieron su responsabilidad, aceptando casi el 20% de esas solicitudes. España, por el contrario, sólo estimó favorablemente 610 solicitudes."