
Dedicado a la Dra. Vainilla, que solicitaba más penes en la blogosfera...
No resulta del todo descabellado aplicar a la producción discográfica de Kings of Leon los pasos en que se han estructurado tantos fines de semana: la noche del sábado te descubre vociferante, cerveza en ristre y una chica bajo cada brazo; el sol del domingo te despierta escoltado por un dolor de cabeza, si bien los recuerdos de la víspera pronto transforman la mueca en sonrisa canalla; esa misma tarde, acosado por la amenaza del lunes, caminas largamente entre promesas de enmienda y disquisiciones sobre el sentido de la vida… y multiplíquese todo ello cuando uno es hijo/sobrino de predicador. De otro modo, los Followill han abandonado el tono festivo y chulesco-sureño que les diera fama para entregarse a una serie de progresiones de percusión milimétrica, cortadas por riffs la mar de clásicos y encomendadas a la voz gimiente de Caleb, piezas de atmósfera crepuscular que no seducirán a las masas pero, más allá de alguna apropiación del universo Pixies y de la épica Lynyrd Skynyrd, deberían contribuir sobremanera al asentamiento de su estatus musical. A fe que la conciencia hace milagros, pues estos chavales no hacen más que crecer…
Desde su mismo bautismo discográfico, hace la friolera de quince años, Manic Street Preachers venían rozando la tarjeta roja de la sobrevaloración, propia y ajena. Todo en ellos resultaba hiperbólico: cada vez que abrían la boca vomitaban una declaración de principios, los riffs eran dramáticos o no eran, e incluso algo tan normal como la deserción de uno de sus miembros se convirtió en un asunto a vida o muerte. Parecía obvio que tarde o temprano el grupo habría de devorarse a sí mismo. No obstante, que Nicky Wire describiera la canción que presta título a su octavo álbum como un All You Need Is Love interpretado por Guns n’Roses abrió la puerta a la esperanza. Y, aunque Send Away the Tigers no es ningún festival del humor, por más que la proclama política siga al orden del día, los galeses parecen en efecto haber escapado a su propia sombra. El resultado son diez cortes grandilocuentes pero desprejuiciados, entretenidos en una primera escucha y mucho más en las sucesivas, un nuevo paso adelante en la trayectoria de una banda a la que hacer buen pop nunca le pareció suficiente.