viernes, diciembre 30, 2005

My Own Private (Musical) 2005

1) Franz Ferdinand, “You could have it so much better with…”
2) Death Cab for Cutie, “Plans”
3) Alkaline Trio, “Crimson”
4) Bright Eyes, “I’m wide awake, it’s morning”
5) Kanye West, “Late registration”
6) Ryan Adams, “Jacksonville city nights”
7) Hard-Fi, “Stars of CCTV”
8) Maxïmo Park, “A Certain Trigger”
9) Arcade Fire, “Funeral”
10) The Decemberists, “Picaresque”
11) Ryan Adams, “Cold roses”
12) Blueberry Hill, “Thank You”
13) Ben Lee, “Awake is the new sleep”
14) Kaiser Chiefs, “Employment”
15) Fountains of Wayne, “Out-of-state plates”
16) Bloc Party, “Silent alarm”
17) Love of Lesbian, “Maniobras de escapismo”
18) the Rosebuds, “birds make good neighbors”
19) Rammstein, “Rosenrot”
20) Clem Snide, “End of Love”
21) Brakes, “Give blood”
22) Editors, “The back room”
23) The Chalets, “Check In”
24) The Rakes, “Capture/Release”
25) Cowboy Junkies, “Early 21st century”

jueves, diciembre 29, 2005

"Samaritan Girl"

Image hosted by Photobucket.com

La madurez es un coche con cierta tendencia a dejarte tirado.

My Own Private (Literary) 2005

1) Tan fuerte, tan cerca, de Jonathan Safran Foer (Lumen)
2) La conjura contra América, de Philip Roth (Mondadori)
3) Perro callejero, de Martin Amis (Anagrama)
4) Crónicas, de Bob Dylan (Global Rhythm)
5) Provocación, de Stanislaw Lem (Funambulista)
6) El Diccionario del Diablo, de Ambrose Bierce (Galaxia Gutenberg)
7) La velocidad de la luz, de Javier Cercas (Tusquets)
8) Los enanos, de Harold Pinter (Destino)
9) La posibilidad de una isla, de Michel Houellebecq (Alfaguara)
10) El Coloso de Nueva York, de Colson Whitehead (Mondadori)
11) El sueño de Borges, de Blanca Riestra (Algaida)
12) Personajes desesperados, de Paula Fox (El Aleph)
13) Grimpow, de Rafael Ábalos (Montena)
14) Yo y Kaminski, de Daniel Kehlmann (Acantilado)
15) Error humano, de Chuck Palahniuk (Mondadori)

miércoles, diciembre 28, 2005

From the Vaults of GO (4)

“OLDBOY” (Corea, 2003) de Chan-wook Park
Interesante punto de partida, contraponer las dos principales disciplinas de la tradición oriental (paciencia versus sadismo) y ver cuál se lleva el gato al agua. Un hombre es encerrado en una habitación de hotel de dos estrellas: hay televisión vía satélite pero el servicio deja bastante que desear. Quince años después, su salida resulta incluso más inesperada que la entrada. El período de adaptación se revela tirando a traumático (en Corea desconocen el pulpo al ajillo), y al sujeto no le queda otra que investigar los motivos de su desgracia. ¿Venganza? El Conde de Montecristo no se las tuvo que ver con enemigos de ojos rasgados, oigan. Como rasgados le quedaron los ojos de tanto reír a Tarantino, presidente del jurado del último Cannes, Oldboy se llevó la Palma. Y como Sitges no iba a ser menos, Chan-wook Park sumó galardones en el Garraf. Motivos más que suficientes para generar expectativa y abonar la sinuosa trayectoria hacia el film de culto. ¿Hay para tanto? Lo despiadado del argumento, la profundidad de los personajes y lo climático de la resolución nos dicen que sí. El ritmo, la banda sonora y la modernidad visual nos dicen que también. Unos martillazos bien dados no bastan para alcanzar la redención. Benditos asiáticos, cada vez que se (nos) bañan en sangre...

Image hosted by Photobucket.com

martes, diciembre 27, 2005

¡Más Pinter, es la guerra!

"El amor es fácil en la guardería." - Los enanos (Novela), de Harold Pinter.

(A lo que servidor añadiría que tampoco es cuestión de convertirlo en una ecuación de cinco incógnitas.)

jueves, diciembre 22, 2005

Poema de Navidad - Un cuento

A Paul Auster

La Japonesa Más Alta del Mundo mide 2,27 metros.
A la Japonesa Más Alta del Mundo no le gusta la Navidad.
El padre de la Japonesa Más Alta del Mundo jamás pasó del 1’55.
La madre de la Japonesa Más Alta del Mundo medía 1,42.
En cierta ocasión, cuando la Japonesa Más Alta del Mundo contaba 13 años (y medía ya 2,21),
la madre de la Japonesa Más Alta del Mundo tuvo que
subirse sobre los hombros del padre de la Japonesa Más Alta del Mundo para
abofetear a la Japonesa Más Alta del Mundo por
una falta de respeto que la Japonesa Más Alta del Mundo había cometido.

Era Navidad.
Era Navidad.

Desde entonces, a la Japonesa Más Alta del Mundo no le gusta la Navidad.
Claro que, salvo el “desde entonces”, eso ya lo habíamos dicho.
Sea como fuere, esta Navidad la Japonesa Más Alta del Mundo recuerda
aquella otra Navidad en la que deseó escapar al
abofeteamiento materno siendo algunos centímetros más alta de lo que ya era.
La Japonesa Más Alta del Mundo ha calculado siempre que un 3,12 hubiera bastado:
Puesta a ser la Japonesa Más Alta del Mundo, mejor serlo bien.

Es Navidad.
Es Navidad.

Oh, how I burn...

Image hosted by Photobucket.com
Foto Fabián Taranto

Un año durante el cual ves dos veces a Franz Ferdinand en vivo no debe, no puede ser un mal año.

Famous Last (but one) Words (14)

Ayer tarde, durante la sobremesa de la tradicional comida de Navidad de la empresa, la Japonesa Más Alta del Mundo (que es compañera laboral de un servidor) pronunció un discurso intenso y conmovedor que no deja de rondarme la cabeza. Fueron sus palabras un alegato hacia todo cuanto representan estas fechas, motivos y sentimientos que quizá pasamos por alto con demasiada facilidad y que convendría tener siempre presentes. Por ello, sirva este humilde (y estractado) post para compartir con asiduos y neófitos del ladrido crepuscular tan acertado y entrañable comentario:

"Istumo osewani natteimasu. Korekaramo dozo yoroshiku onegaishimasu." - Mihoko Sugita.

miércoles, diciembre 21, 2005

Rudyard Kipling's "If"

(Este 2005 no he logrado cumplirlo en demasía pero, a modo de código moral, su validez es vitalicia)

If you can keep your head when all about you
Are losing theirs and blaming it on you,
If you can trust yourself when all men doubt you
But make allowance for their doubting too.
If you can wait and not be tired by waiting,
Or being lied about, don't deal in lies,
Or being hated, don't give way to hating,
And yet don't look too good, nor talk too wise.

If you can dream--and not make dreams your master,

If you can think--and not make thoughts your aim;
If you can meet with Triumph and Disaster
And treat those two impostors just the same;
If you can bear to hear the truth you've spoken
Twisted by knaves to make a trap for fools,
Or watch the things you gave your life to, broken,
And stoop and build 'em up with worn-out tools.

If you can make one heap of all your winnings

And risk it all on one turn of pitch-and-toss,
And lose, and start again at your beginnings
And never breath a word about your loss;
If you can force your heart and nerve and sinew
To serve your turn long after they are gone,
And so hold on when there is nothing in you
Except the Will which says to them: "Hold on!"

If you can talk with crowds and keep your virtue,

Or walk with kings--nor lose the common touch,
If neither foes nor loving friends can hurt you;
If all men count with you, but none too much,
If you can fill the unforgiving minute
With sixty seconds' worth of distance run,
Yours is the Earth and everything that's in it,
And--which is more--you'll be a Man, my son!

martes, diciembre 20, 2005

A mi moto no le gustan los lunes

Y a los hechos me remito:

Lunes 5 - Se despierta con la rueda delantera pinchada. 11 horas y 37 euros más tarde, vuelve a hallarse en perfecto estado operativo.
Lunes 12 - Se despierta sin batería. 11 horas y 89 euros más tarde, vuelve a tirar.
Lunes 19 - Superada la prueba matutina, a eso de las 18:30 es embestida por detrás (y por otra moto) en el semáforo de Vía Augusta con Plaza Molina. Más allá del susto, los desperfectos no son de consideración.

Mientras decido si la rebautizo Garfield o Geldof, sabed que el lunes 26 permanecerá todo el día dentro de una caja fuerte. Y me quedo yo a su lado con un bate de béisbol entre las manos, por si acaso.

lunes, diciembre 19, 2005

Marte y Venus en el cine 3

Tae-suk: ...
Sun-hwa: ...
Tae-suk: ...
Sun-hwa: ...
Tae-suk: ...
Sun-hwa: ...
Tae-suk: ...

Hierro 3 de Kim-Ki Duk.

sábado, diciembre 17, 2005

viernes, diciembre 16, 2005

¡Siempre al abordaje!

“Con su apellido trabalenguas y su prosa filibustera (al abordaje, siempre al abordaje), Milo Krmpotic es algo más que una promesa para las apaciguadas letras españolas: una certeza que aboga por la incertidumbre. Por lo inesperado, casi siempre en alianza con el goce indiscriminado de los placeres más carnales. Descarnadamente desconfiado, y, por lo tanto, dueño de un sabroso descontrol sobre los ingredientes de su lujurioso menú literario, M.K. enciende el fogón de la lascivia (microondas al paredón) y guisa (con aceite de ricino a veces, a veces con sal de lágrimas melancólicas) un peliculón exaltado sobre la gran épica fálica de Occidente. De penes y penas en ebullición, Sorbed mi sexo es un sorbete literario que tan pronto supura acidez como gotea una extravagante ternura de triunfadores que apestan a fracaso subterráneo. Novela seminal de frondosos follajes, que no separa el polvo de la paja y maneja los sabores con un tacto diríase rectal (por intruso e inmisericorde), Sorbed mi sexo es un plato fuerte para quienes tienen hambre de literatura original: la que no se alimenta de refritos, enlatados ni precocinados. Buen provecho.”

Tino Pertierra, La Nueva España (8/12/05).

jueves, diciembre 15, 2005

From the Vaults of GO (3)

THE OFFICE - ¿La dignidad del trabajo?
A los ingleses se les da bien el té. A veces el fútbol. Los pasteles de relleno infame. El pop, definitivamente. Y la comedia televisiva. Pero, pese a su amplio historial en este último terreno, ninguna de sus series había conquistado Estados Unidos como The Office. Ricky Gervais, su co-director y protagonista, es el equivalente catódico de los Beatles. Más o menos.

”No soy de por aquí. Vengo de un pequeño lugar llamado Inglaterra. Solíamos dominar el mundo antes que vosotros”. Así abordó Ricky Gervais su discurso de agradecimiento tras recibir el Globo de Oro 2004 al mejor actor en una serie de televisión musical o de comedia (algo inédito en producciones procedentes de la pérfida Albión). En cuanto al modo de concluirlo... Convengamos en que no lo hizo, pues resultó necesaria una orden de desalojo para que abandonara el escenario. Ése es Gervais, un sujeto de humor afiladísimo, verborrea compulsiva y risa enervante que encontró el papel de su vida al ponerse en la piel de David Brent, el mánager de la sección de ventas de una empresa papelera de la británica e insulsa localidad de Slough. Porque Brent tiene mucho de Gervais (lo mismo que el Bob Harris de Lost in Translation está construido a imagen y semejanza de Bill Murray –por cierto, también premiado en la gala de los Globos de este año). Y, tras repasar los documentales de rodaje que acompañan la edición en DVD de las dos temporadas de The Office (doce capítulos a los que cabe sumar los dos episodios especiales estrenados en el Reino Unido estas últimas Navidades), uno alcanza la sospecha de que Gervais sólo puede y debe ser administrado de ese modo: actuando y en dosis inferiores a la media hora. En caso de exposición prolongada o, Dios no lo quiera, respuestas adictivas no dude en acudir al psicoterapeuta más cercano.

Image hosted by Photobucket.com

Un supuesto documental de la BBC sobre las personas humanas que día a día se ganan el pan en una oficina tan excitante como la ropa interior de Ana Palacio... Tal es el punto de partida de la serie. Así, las entrevistas individuales sobre los puntos candentes de la convivencia laboral se ven puntuadas por secuencias rodadas cámara en mano, retratos al estilo Dogma que atestiguan las ingenuidades y vilezas en que solemos caer cuando creemos que no hay espectadores que den cuenta de nuestros actos. Más allá de Brent y sus diversas vocaciones frustradas (músico, agitador social, cómico, motivador, jefe comprensivo), conocemos a Tim (Martin Freeman), responsable de ventas casi treintañero y aún residente en el domicilio paterno que está secretamente enamorado de Dawn (Lucy Davis), la rubia recepcionista que tiene un novio cachas en el almacén y a la que también pretende Gareth (Mackenzie Crook), el pelota de turno, sujeto de pocas luces y aún menor entidad física que alberga ideas de bombero sobre un amplio abanico de temas comprometidos: las diferencias raciales, el sexo anal, las películas de Bruce Lee, las fantasías sobre hermanas lesbianas (e incestuosas, se deduce), la importancia de una formación militar...

Image hosted by Photobucket.com

El humor es en ocasiones delirante, a menudo sonrojante, las más de las veces grotescamente humano. Y en todo ello hay que reconocerle un cincuenta por ciento de méritos a Stephen Merchant, segunda parte dirigente del proyecto y padre del mismo, pues concibió The Office a modo de vídeo casero para un curso de producción de la BBC (los encargados de la cadena le sugirieron entonces que desarrollara las ocurrencias de aquel piloto amateur). Los dos metros largos de altura de Merchant habían coincidido con Gervais en el mundo radiofónico, al que este último llegó tras un periplo digno del personaje que le ha dado la fama: a principios de los ochenta fue miembro de un grupo pop que llevaba por nombre Seona Dancing (sus dos hits se auparon a los puestos 117 y 70 de los charts); a continuación trabajó ocho años como oficinista, ejerció de representante de Suede y, por último, presentó el show Meet Ricky Gervais con resultados no especialmente felices. Doce episodios y dos especiales más tarde, The Office se ha convertido en uno de los clásicos de la pequeña pantalla británica, un producto capaz de cruzar el charco y salpicar los morros catódicos de América. Recientemente, Gervais realizó una aparición estelar en Alias. Y, a punto de embarcarse en una gira de shows hablados por las islas, supervisa el remake estadounidense de su criatura. Preguntado por qué no ha querido protagonizarlo, la perilla más imitada del cinturón industrial londinense contestó: “Nunca me ha importado el dinero. Y no me gusta la fama. Es lo peor de mi carácter: no quiero que me reconozcan cuando voy a comprar pantalones”.

miércoles, diciembre 14, 2005

"Dead men are heavier than broken hearts"

Mi amigo J.C. solía trabajar en un hospital. De entre las varias anécdotas que aquel empleo generó, dos han quedado grabadas a fuego en mi cabeza. La una tiene forma de cuchilla de bisturí, la que me regaló ciertas Navidades "por si algún día la necesitas". La otra involucra un ascensor y un paquete de tamaño XS con destino a la morgue (y la respuesta es: sí, lo llevaba en brazos; sí, se le ocurrió desenvolverlo; sí, se trataba de un cadáver). Todo lo cual me viene sugerido por la frase que encabeza este post, frase que he tomado prestada del (otro) país de los canguros (el que no es Australia). Philip Marlowe lidiaba con tipos duros, matones mafiosos y estibadores sindicalistas, su percepción es lógica pero en exceso dependiente de un contexto muy concreto. Por lo general, en cambio, nada pesa más que un corazón roto. Que en verdad vendría a ser un alma rota. ¿21 gramos? Ojalá...

martes, diciembre 13, 2005

Lo que piensan las mujeres

Image hosted by Photobucket.com



Hoy las comprendo mucho mejor, vaya que sí...

Cosas del postcrossing 3

Image hosted by Photobucket.com

Suvi, una estudiante finlandesa de 20 años, firma la segunda postal que recibo. Estas cuatro vistas son, según me cuenta, todo cuanto se debe conocer de su pueblo, Kokkola. Por cierto que Finlandia también fue el destino de mi segundo envío; la receptora, Pipsa, de 26 años, pedía que evitáramos los estereotipos turísticos. Pero no pude resistir la tentación de mandarle el tejado de la Casa Batlló...

lunes, diciembre 12, 2005

Intimismo urbano, opio ciudadano, asco político

Pocas actividades más proclives a fomentar la melancolía de este ladrador crepuscular que ver los edificios de la ciudad pasando al otro lado de la ventanilla de un autobús. No suelo incurrir en ella, pero el segundo percance motorizado en el plazo de una semana me ha obligado a acudir al trabajo a bordo de un número 9 articulado, como suelen ser los números 9. Y, asistiendo a la gris sucesión de portales y comercios entre la Plaza de Catalunya y la Plaza de Cerdà, no he podido dejar de reflexionar (melancólicamente, claro) sobre esa necesidad tan de ciudadano de a pie que es el creer en algo. Lo de “la-religión-es-el-opio-del-pueblo” en versión de lunes por la mañana, vamos.

Algunos, como un servidor mismamente, suelen atravesar la crisis de rigor nada más abrir los párpados al mundo (y al sonar de la alarma de la cadena). Pero no todo quisque alcanza tan velozmente ese estado de dolorosa lucidez. Por lo general, la ducha y el café con leche son los peajes obligados de quien desemboca en la consciencia. Y tal proceso suele culminar precisamente a bordo de algún medio de transporte urbano, con el periódico (más bien gratuito que de pago) abierto sobre la falda y los edificios del corazón de la ciudad (o los túneles de sus intestinos) desfilando al otro lado de la ventanilla.

Sucede así que el ciudadano o ciudadana medios se enfrentan a la información de la jornada en el momento mismo en que más necesitados se hallan de dar con un sentido a su existencia. Las barreras de su credulidad se hallan bajas, el criterio no es el mismo que dos horas más tarde, cuando se hayan metido ya un buen bocadillo vegetal entre pecho y espalda. Están, en definitiva, dispuestos a creer lo que sea. LO QUE SEA.

Y el PP lo sabe. Y se aprovecha de ello. Y sigue disparando titulares como el que firmaba Mariano Rajoy hace dos o tres mañanas: “El presidente del Gobierno rompió el pacto antiterrorista, rompió el acuerdo que tenía con el PP y aún no se lo ha explicado a los españoles. Y desde entonces, ETA gana y recibe regalos de Rodríguez Zapatero” (El País, 9/11/2005). Porque ellos no harían electoralismo con casi cuatro décadas de muertos y amputados, ¿verdad? Un partido como el suyo, con diez millones de votos sobre los hombros…

Iba yo esta mañana a bordo del 9 articulado y necesitaba creer, quería creer desesperadamente que este festival de la mentira malintencionada, del cinismo y de la indecencia se debe antes a dos docenas de ideólogos perturbados que a diez millones de personas como uno, condenadas diariamente, transporte urbano mediante, a la melancolía. Pero es posible que también yo estuviera auto-engañándome...