sábado, julio 14, 2007

Famous Last (but one) Words (119)

"Yours is the smallest one today..." - Mark Haddon admirándose ante el pequeño tamaño de la, ejem, grabadora de este ladrador crepuscular al inicio de la entrevista del miércoles pasado.

viernes, julio 13, 2007

¡Mágico Messi contra México!

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Puedes descargar su (nuevo) memorable gol exactamente aquí.

"Live Free or Die Hard"

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Posiblemente, una de las mejores cuartas partes de la historia del cine...

Lo cual, a bote pronto, podría dar pie al siguiente listado...

1) Harry Potter and the Goblet of Fire de Mike Newell
2)
Live Free or Die Hard de Len Wiseman
3) Alien: Resurrection de Jean-Pierre Jeunet
4) A Nightmare on Elm Street 4 de Renny Harlin
5) Sudden Impact de Clint Eastwood
6) The Phantom Menace de George Lucas
7) Star Trek IV: The Voyage Home de Leonard Nimoy
8) The Sum of All Fears de Phil Alden Robinson
9) Halloween IV: The Return of Michael Myers de Dwight H. Little
10) Police Academy IV: Citizens on Patrol de Jim Drake

Famous Last (but one) Words (118)

"Nice timing!" - Señora claustrofóbica sentada a la derecha de este ladrador crepuscular en un vuelo de Iberia, haciendo una pausa en su política de hiperventilación y comentando el hecho de que este ladrador crepuscular llegara al final de las 390 páginas del A Spot of Bother de Mark Haddon en el mismo preciso instante en que el avión tocaba tierra en Heathrow.

jueves, julio 12, 2007

Visto al pasar

The Slug and Lettuce - Nombre de una cadena británica de pubs que decididamente no debería presentar en su menú un apartado de "ensaladas de la casa".

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miércoles, julio 11, 2007

Pasatiempos de verano

Dé con el ladrador crepuscular (una pista: se encuentra repetido, en una de las ocasiones transmutado en araña negra)...


(Del número de julio de la revista Barcelona Metropolitan)

martes, julio 10, 2007

Falling In Love Is Hard On The Knees (18)



Tom Jones participó en el concierto de homenaje a Lady Di. Pero eso no es noticia. Tom Jones participó en el concierto de homenaje a Lady Di y, entre otras piezas, se atrevió con la versión de un clásico contemporáneo. Pero eso tampoco es noticia. La noticia es que, aunque la cosa tuvo su gracia, por una vez el original de los nietos parece tener más fuerza que la reinterpretación del abuelo, por muy galés que se siga poniendo.

"La vida privada de los árboles" de Alejandro Zambra

Pertenece el chileno Alejandro Zambra (Santiago, 1975) a dos grandes tradiciones: la universal de los devoradores de letras y la sudamericana de quienes conciben lo romántico a modo de (breve) tregua entre dos melancolías. Porque ninguna de ambas militancias garantiza grandes originalidades cuando de regurgitarlas sobre una hoja en blanco se trata, el amigo ha ido a buscar su elemento distintivo en el terreno vegetal: si un Bonsái se convertía en sustitutivo de la compañía femenina en su ópera prima, ahora La vida privada de los árboles es el relato que el protagonista elabora para llamar al sueño a su hijastra noche tras noche. Noche tras noche hasta que, a lo largo de una de ellas, una cualquiera, la ausencia injustificada de su esposa lo lleva a redactar bajo idéntico lema, entendemos, las palabras de la novela que a la sazón tenemos entre manos.

Novela ésta concisa, de personajes cotidianos y argumentos no menos comunes y corrientes (similar en su punto de partida, por cierto, al reciente Tomorrow de Graham Swift), naíf pero entrañable, metaliteraria y preñada de homenajes, quizá menos conmovedora de lo que debiera pero, a fin de cuentas (y de adjetivos), seductora en sus botánicas maneras. Tiene voz Zambra, y tiene ritmo también. Corre el riesgo de que la gracia no le aguante demasiados rounds más, pero tampoco es de descartar que, bien regado como está por sus fuentes, crezca imperceptible pero rotundamente, lo mismo que la flora que le sirve de leitmotiv.

(Esta reseña ha aparecido en el número de verano de Go Mag)

Vermeer en sandalias

lunes, julio 09, 2007

Más allá del libro: Nuevos géneros en la red

(He aquí el segundo de los parlamentos, primero cronológicamente hablando, que realicé durante el Atlas Literario Español de Sevilla.)

Ante todo, creo hallarme en esta mesa redonda por el hecho de ser dueño de varios blogs, y de que uno de ellos haya germinado en una novela, maldeamores, que ahora mismo comienza a circular por los intestinos del mundillo editorial. Otro, ladridos crepusculares, tiene menos vocación literaria que de cajón de sastre fílmico, musical, político… Un tercero estaba dedicado al mundo del fútbol, etc.

En fin, que, al menos en lo que a los dos primeros respecta, dudo que se pueda hablar de un nuevo género. La novela por entregas difícilmente podría catalogarse de novedad, y mucho menos cabría adjudicarle tal etiqueta a los diarios personales, sean de corte autobiográfico o mera colección de notas. En ese sentido asistimos simplemente a un cambio de soporte, la página de periódico o revista y el dietario físico se vuelven entradas virtuales: no tengo la sensación de que el cambio de medio haya afectado a la forma. El mensaje aquí es maldeamores lo mismo que hace 170 años podía ser Los papeles del Club Pickwick.

Ahora bien, ¿qué puedo ofrecer a Seix Barral y a mis contertulios para justificar mi presencia en esta mesa?

Pues la sugerencia de que la red, las nuevas tecnologías, quizá estén motivando la aparición de nuevos géneros, pero que no necesariamente están cobijándolos.

Así, durante los últimos meses he encontrado varias obras en formato de libro que creo alumbradas a partir de las sinapsis neuronales propias de nuestro tiempo televisivo y cibernético antes que de cualquier otro. Permítanme poner algunos ejemplo:


El Nocilla Dream de Agustín Fernández Mallo como novela-zapping donde cada capítulo representa un cambio de canal y, por aquello del azar, en ocasiones los canales acaban coincidiendo geográfica o espiritualmente (lo único que la alejaría de la novela coral del siglo XX es la arbitrariedad con que el autor intercala en su zapeo los documentales científicos del Discovery Channel).

Harkaitz Cano y El filo de la hierba como novela-google: a partir de la búsqueda “Hitler + Chaplin”, el autor da con una serie de resultados afines que acaba fundiendo en uno solo para a continuación ofrecerlo a la interpretación (o la recreación) del lector/cibernauta.

(Por cierto que el que estos dos autores hayan surgido del terreno de la poesía nos debería abocar quizá a otra mesa redonda titulada “Lírica y semiótica tecnológica”, o algo por el estilo…)

Por último, La ofensa de Ricardo Menéndez Salmón como novela-extra de DVD: toda vez conocida la película (cualquiera de las muchas que han articulado su sinopsis en torno a los conceptos “horror nazi” y “pérdida de la inocencia”), rebusca en ella hasta dar con una anécdota que, presentada de forma necesariamente breve, satisfaga lo mismo por su corrección formal que por su carácter complementario respecto a las toneladas de material ya visto.

Son sólo tres ejemplos, mucho no se puede generalizar a partir de ellos. Y es posible que su gestación nada tuviera que ver con los elementos tecnológicos con los que los he relacionado. En tal caso, lo audiovisual y lo cibernético comienzan a hallarse tan ligados a nuestra circunstancia que hasta nos prestan herramientas de interpretación.

Quiero destacar, finalmente, una sensación que me produce cierta reciente narrativa española. Frente a las toneladas de posibles referentes, frente a una tradición precisamente voluminosa, varios de nuestros autores están optando por la brevedad, por un trayecto por la periferia de sus temas antes que por intentar explicar todo lo que existe entre el Alfa y el Omega. Tal es el miedo, entiendo, a volver a contar lo mismo ante unos lectores que ya conocen la historia a la perfección. Es por eso que La ofensa, El filo de la hierba, Nocilla Dream, La persona que fuimos o mi propio maldeamores parecen en ocasiones variaciones, quizá incluso apostillas a otra obra original. A fin de cuentas, ese libro original ya está escrito; algunos lo han leído y otros, los más, lo han visionado en su adaptación cinematográfica descargada de Internet. Quizá allí se encuentre el nuevo género que andábamos buscando: la Era de la Información nos ha liberado de la esclavitud de contarlo todo. Podemos picotear de aquí y de allá sin miedo a extraviar a nuestros lectores, podemos aparear la Nocilla y un árbol norteamericano, a Hitler y Chaplin sin necesidad de dar mayores explicaciones.

El género ha de ser, cada vez más, todo cuanto contenga la cabeza del autor.

viernes, julio 06, 2007

Sir Peter Blake


La Tate Liverpool dedica una retrospectiva al septuagenario artista pop, autor entre otras de la portada del Sgt. Pepper's (en la imagen, su Love Wall de 1961).

Editors - "An End Has a Start"

Tuvo el abajo firmante, durante el último Fib Heineken, la oportunidad de testimoniar desde bastidores cómo Tom Smith pasaba en sus primeras dos canciones de la insatisfacción a la histeria, proceso que lo llevó a lanzar la guitarra a tomar viento y a abandonar el escenario a la carrera para sólo regresar a él tras un tenso cambio de impresiones con el manager del grupo. Muchas dudas han levantado los editores en su hasta la fecha breve carrera (la primera de ellas debida a la lógica desconfianza de ver el oscuro legado de Joy Division conducido a tales niveles de popularidad). Pero, para bien o para mal, la intensidad y afectación de la banda de Birmingham parecen ser de carácter natural antes que interpretativo. Así, presuponiéndolos sinceros en sus arrebatos de épica adolescencia, cabe sólo rendirse a los mismos o darles definitivamente la espalda. Porque el luctuoso An End Has a Start repite punto por punto los aciertos del precedente The Back Room, porque el abajo firmante no se avergüenza del joven Werther que lleva dentro, uno y otro no pueden confluir más que en una reseña positiva. Que viva el post punk chirriante y que Tom Smith se siga alterando cuanto quiera…

(Esta reseña ha aparecido en el número de verano de Go Mag)

jueves, julio 05, 2007

Fragmentos de una caída

"This was the world now."

"Nothing is next. There is no next. This was next. Eight years ago they planted a bomb in one of the towers. Nobody said what's next. This was next. The time to be afraid is when there's no reason to be afraid. Too late now."

"The world changes first in the mind of the man who wants to change it."

"Amir said simply there are no others. The others exist only to the degree that they fill the role we have designed for them. This is their function as others. Those who will die have no claim to their lives outside the useful fact of their dying."

"Falling Man as Heartless Exhibitionist or Brave New Chronicler of the Age of Terror."

De Falling Man de Don DeLillo.

A los Peter Parker de este mundo...

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Miss Aniela gusta de photoshopearse a sí misma, a veces con resultados interesantes...

miércoles, julio 04, 2007

Ecos sevillanos

Escribió José Andrés Rojo, en su crónica sobre el Atlas Literario Español del sábado pasado en El País, lo siguiente:

"(...) La nota esencial es la variedad. (...) no comparten influencias, no se leen, no creen en grupos, no les interesa la política. Ni siquiera tienen la misma edad (...). Otra característica los emparenta: su interés por el cine. Si se sumaran las referencias hechas a películas y escritores, las primeras ganan por goleada. Se habló poco de literatura. Casi no se mencionó a ningún autor español y que pertenezca a una generación cercana. Estos autores son cosmopolitas, tienen una gran familiaridad con la televisión, están sometidos a influencias muy diversas -casi ninguna de la palabra escrita- y se sirven de las nuevas tecnologías. El corolario es previsible: cada cual va a su bola, pero todos mezclan referencias variadas y, en general, hacen una literatura híbrida. Muchos viven o quieren vivir de la escritura. Así que pasan de transmitir grandes entusiasmos. Prefieren saber qué hay que hacer para salir de pobres."

Palabras que han provocado cierta indignación en el blog de más de un asistente al congreso y que, en cuanto asistente al congreso y dueño de un blog, motivan a su vez los siguientes ladridos crepusculares por parte de este ladrador crepuscular:

1) En efecto, tal es la impresión que más de una y más de dos mesas redondas produjeron. Algunos fueron culpables por acción, y es de recibo contarme entre los que lo fueron por omisión: no dije haber leído a una decena de los presentes, no reivindiqué mi admiración por Casavella, no reclamé que dejáramos de hablar de dinero, no manifesté mi afinidad respecto al grupo de los Ricard Ruiz, Gabi Martínez, Álvaro Colomer...

2) ¿Por qué Rojo construye su crónica a partir de la negación? Mentir no miente, pero prefiere por ejemplo recordar que no nos hemos leído entre nosotros a destacar a quienes se declararon interesados en leerse más...

3) En su blog El rincón del distraído, Rojo recuerda las influencias (literarias) esgrimidas por Luis Manuel Ruiz y Ricardo Menéndez Salmón. Sin escarbar demasiado en la memoria, recuerdo a bote pronto a otros dos o tres autores mentando a George Saunders y David Foster Wallace. Por no destacar que, tinto en mano y tapas frente a la boca, Menéndez Salmón y Agustín Fernández Mallo prefieren hablar de Wittgenstein antes que de fútbol o de las medidas de la camarera. ¿De verdad es ésta una generación catódico-iletrada?

4) A favor de Rojo, concederemos que el Atlas siempre debió ser poco noticiable, por heterogéneo. No se nos reunió, entiendo, a raíz de unas condiciones existentes a priori (edad, intereses, número de títulos publicados o de premios recibidos, amistad...) sino por cuanto pudiera surgir a posteriori tras esta toma de contacto. Los resultados de la experiencia quizá, sólo quizá, serán noticia de aquí a un lustro. Demasiado lejanos y demasiado inasibles, sin duda, para el gusto del plumilla periodístico (una obviedad no recordada por Rojo: Espido Freire es notablemente más atractiva que Álvaro Colomer).

Todo esto, desde luego, se ha dicho antes y se ha dicho mejor. Me remito, por ello y a modo de colofón, al siguiente comentario de Ricardo Menéndez Salmón en el ya citado blog de Rojo:

"Quizá somos pesimistas o cargamos demasiado las tintas porque amamos mucho más de lo que creemos esto que hacemos. Al menos mi impresión en los pasillos, aledaños y bares del Congreso fue la de encontrarme, en 9 de cada 10 casos, con gente que no sólo tiene muy meditada su concepción de la literatura, sino que se siente ligado a ella por vínculos que comprometen su vida entera. A mis colegas de Congreso le brillaban los ojos al mencionar ciertos nombres. Doy fe de ello. Y ni los alcaloides ni los caldos andaluces tenían la culpa de semejante entusiasmo. Hablar con Álvaro Colomer, Vicente Luis Mora o Gabi Martínez, escuchar a Milo Krmpotic, Jorge Carrión o Juan Carlos Gea, no sólo me invita a pensar que la literatura española, independientemente de sus etiquetas catastrales (al fin y al cabo, qué es la edad sino un expediente burocrático), posee un futuro, sino que me anima a afirmar que tiene un presente, no sé si admirable pero en cualquier caso respetable."

Amén...

martes, julio 03, 2007

La canción que no pude pinchar el sábado



Tony the Beat de The Sounds... Podría alegar presiones del dueño de la sala, amenazas de la discográfica o los siempre oscuros tejemanejes propios del sábado noche cuando se presenta enfebrecido... Pero la verdad es que simple y llanamente olvidé meter el disco en la maleta.

(Desde aquí un saludo a DJ Otto, padrino y compañero de sesión, dueño de diez grandes minutos pinchadiscos que respondieron a la pregunta "¿Dónde estabas, dónde estabas tú en 1977?")

lunes, julio 02, 2007

Ficción y realidad: Cruzando fronteras

(He aquí el texto declamado por este ladrador crepuscular en la segunda de las mesas redondas en las que participó durante el Atlas Literario Español de Sevilla'07...)

Vivimos en un mundo de inmediateces. Un mundo en el que incluso los dos o tres pasos de rigor hacia la suspensión de la incredulidad comienzan a antojársele a más de uno una pesada caminata, quizá por la cantidad de veces en que ya los hemos dado. Y el hastío se produce a ambos lados de la línea de creación: malditas las ganas que tengo yo de incurrir en descripciones meramente localizadoras, a menos que busque crear ciertas sensaciones en el lector amén de informarle.

El caso es que, frente a este hastío, o te pones estupendo y creas tu propio Macondo o te lanzas a explicar lo que te es estrictamente contemporáneo. Lo bueno del segundo caso es que no necesitas ser un genio, no se ha hecho antes y siempre habrá alguien necesitado de que le ayuden a comprender cuanto le rodea. Llegado este punto, el autor puede tanto ejercer de maestro de ceremonias (como Don DeLillo en la reciente Falling Man, por ejemplo) como confundirse en el foso de la orquesta (y pienso ahora mismo en firmas en su momento consideradas “generacionales desde dentro”, como la de José Ángel Mañas por ejemplo). Y el género novelístico sigue tirando hacia delante y, de algún modo, tanto lectores como escritores continúan felices a lo suyo.

Hay en esta mesa nombres mucho más dotados a la hora de hablar del paso de la realidad a la ficción: Gabi, Ricard y Álvaro lo han hecho de forma excelente en alguna ocasión... Pero a mí me gustaría comentar brevemente la opción opuesta, la de quien cruza esa frontera desde el país de la fábula.

En mi primera novela adulta publicada, Sorbed mi sexo, quise efectuar un trayecto a la vida del famoso chef francés Paul Boissel, que como todos recordarán acabó con su vida cercenándose el pene hará ahora quince años. Bueno, en realidad no todos lo recordarán, porque Paul Boissel jamás existió, al menos no como Paul Boissel. Pero sí como el mejunje de diversos personajes y situaciones que se cocían dentro de mi cabeza.

Todo escritor que se precie les dirá que sus personajes quizá no existan, pero que en cualquier caso merecían ser inventados. Y que qué mejor manera de solventar esa ausencia que dándoles vida entre sus lectores.

Porque para el libro me serví de una falsa investigación periodística, porque le presté la forma de una falsa biografía, intuí que la mejor manera de construir un puente hacia la veracidad de Paul Boissel era comenzar mintiendo sobre mí mismo, el autor. Así, me sumé una década de vida, me otorgué la nacionalidad francesa, me concedí un título universitario del que carezco, me adjudiqué otra obra biográfica que sí había escrito pero jamás publicado y convertí el resultado, que desde luego ya no era yo, en el segundo personaje más importante de la obra.

Y creo que funcionó. No es ya que en la Biblioteca Nacional se preguntaran cómo podía haber dos Milo J. Krmpotic’ publicando en el mundo (yo me pregunto cómo puede haber uno). Ni que la Fnac destinara el libro a la sección de narrativa extranjera. Gente de círculos más cercanos comenzó a comentar lo bien que me conservaba, que ignoraban que hubiera nacido en París y que de un modo u otro recordaban el suicidio de Boissel.

Con todo esto, supongo que lo que quiero decir es que existen aún salvoconductos que permiten cruzar la frontera. Y que quizá uno de ellos consista en sacrificar al autor por el camino.

Se arriesga quien opte por esta vía, y el reciente caso J.T. Leroy lo acredita, a ser tachado de falso. Pero tal acusación debería sonar a obviedad en los oídos del profesional de la novela.

Porque en ella todo debe ser verdad y, por tanto, todo debe ser mentira.

Parecidos razonables

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La producción sueca Frostbiten vs. el cómic de Steve Niles y Ben Templesmith 30 Days of Night, ambas obras de argumento vampírico ambientado en latitudes donde la noche se prolonga a lo largo de un mes.

(La sesión doble de terror septentrional se completó con Fritt Vilt, también conocida como Cold Prey, slasher noruego de argumento tan típico como bien llevado, para nada tramposo y apenas efectista, cortesía de un tal Roar Uthaug.)

domingo, julio 01, 2007

Desvarío musical (a 33 rpm y/o primaveras)

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Fue a los escasos minutos de comenzar a cumplir su trigésimo tercer año... Hallábase el ladrador crepuscular DJando en el The Sound de la calle Almogàvers cuando, llevado por la excitación propia de tan insigne momento, encadenó en gloriosa sucesión un Somebody Told Me de The Killers con un I Bet That You Look Good On The Dance Floor de Arctic Monkeys con un Welcome to the Jungle de Guns n'Roses con un State of Love and Trust de Pearl Jam. Sirvan las fotografías que inauguran esta entrada a modo de gráfico documento de la exaltadísima reacción del respetable...