lunes, octubre 17, 2005

Historia de dos (o tres) pingüinos

Silo y Roy son dos pingüinos macho del zoo de Central Park. Silo y Roy eran pareja de hecho, y hasta habían adoptado a un pequeño pingüinito. Pero he aquí que, en mayo de 2004, Silo y Roy se separaron. Y Silo formó un nuevo hogar junto a la pingüino hembra Scrappy

Personalmente, como gran aficionado a los usos sexuales y emocionales de esta entrañable especie animal, y a diferencia del mundillo gay neoyorquino (que quizá proyectó en exceso sobre el blanquinegro par), no puedo más que alegrarme ante tamaña demostración de normalidad. Quizá Silo era desde un principio bisexual. Quizá se equivocara en su momento pensando que era gay. Quizá simplemente se vaya enamorando de las personas (perdón, de los pingüinos), sin reparar necesariamente en su género (todo aquel que conozca tanto a Roy como a Scrappy coincidirá en destacar su simpatía, lo maravilloso de su carácter y lo elevado de su espíritu). Y también es posible que se esté equivocando ahora, al dárselas de heterosexual redimido…

Sea como fuere, toda esta historia me plantea dos incómodos interrogantes. A saber:
a) ¿Qué oscuros intereses han conducido a que tardáramos dieciséis meses en enterarnos de la ruptura entre Silo y Roy? (la noticia aparecía recién en el encarte de The New York Times que acompañaba a El País del pasado jueves 13 de octubre).
Y b) El pingüinito adoptado, ¿es objeto de una custodia compartida o ha preferido a alguno de sus padres por encima del otro?
En verdad no podremos dar esta historia por concluida hasta conocer la respuesta a tales incógnitas.

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Silo y Roy negociando amistosamente los términos de su separación.

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