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lunes, noviembre 19, 2012

Un sueño, cinco apostillas

Bajo por la calle Major de Sarrià (1) y me detengo ante una panadería que hay a mano derecha (2). La persiana se encuentra a medio bajar, pero veo que están aún atendiendo a gente así que me agacho y entro. Las paredes son blancas, los muebles son blancos, incluso la luz tiende al blanco (3). Cuando llega mi turno, señalo una de las pastas en exposición, una especie de coca de brioche, y pregunto si la tienen con pera por encima. En ese momento, la dependienta me señala asustada. Bajo la mirada y veo que mi camisa blanca luce un tremendo manchurrón de sangre en la zona del esternón y que el líquido está incluso goteando al suelo. "Me han disparado", pienso, y miro hacia la calle vacía buscando la procedencia de la bala. Al levantar la tela, no obstante, constato que se trata de una herida superficial, absurdamente aparatosa. Aún así me echo atrás, me apoyo contra la pared y me deslizo hasta sentarme en el suelo, ligeramente mareado. Nadie viene a socorrerme, pero eso no me produce la menor angustia. Por el contrario, ante la alarma del niño de 7 u 8 años que esperaba turno junto a su madre (ella queda en un segundo plano, borrosa, imposible determinar sus rasgos), me pongo a bromear, le digo que no tiene por qué asustarse, que todo está bien (4). Despierto (y 5).

(1) Uno de los escenarios recurrentes de mi infancia. Vivía a cinco minutos y bajaba por ella a diario cuando regresaba de la escuela. Últimamente forma parte también de mis recorridos de footing.
(2) Lo comprobé anteayer: ese local exacto está ocupado a día de hoy por una sucursal del BBVA. No me consta que haya sido jamás una panadería.
(3) Como si de un hospital se tratara, sí.
(4) Hace algunos días, en un muro facebookiano ajeno, comenté que, caso de regresar al pasado y encontrarme con mi yo de 10 años de edad, le diría aquello de que todo irá bien, y añadía: "No porque sea cierto necesariamente (que tampoco me quejo), sino porque no he encontrado mejor cosa que pensar en la vida y me ahorraría muchas ansias".
(5) La tarde anterior a este sueño leí los últimos dos capítulos de Mortalidad (Debate), recopilación de los artículos donde Christopher Hitchens contó para Vanity Fair su año y pico como enfermo del cáncer que al final se lo llevó a la tumba. Tras mucho pensarlo, intuyo que el niño de la panadería es mi yo emocional tal y como el protagonista era mi yo intelectual (o quizá hedonista: los placeres de la comida y tal), y que el segundo, tras un momento de pánico inicial, aceptaba el fin de las cosas (quizá incluso de la vida) e intentaba hacérselo más llevadero al primero.  

viernes, marzo 18, 2011

Un sueño

Me hallo en un crucero atlántico y tirando a septentrional. Durante una conversación nocturna, me comentan que el barco dispone de una piscina con agua de mar que se encuentra a una temperatura de menos cinco y expreso mis deseos de visitarla. A la mañana siguiente, bajo un sol espectacular, me descubro en una suerte de pedaló: lo conducen dos personas y yo estoy en la parte de atrás, una plataforma sumergida de cuatro o cinco metros de ancho, lo que me da la opción de hacer pie pero a la vez bañarme en algo más de metro y medio de agua (no tan helada, por cierto). A mi izquierda, de repente, veo a un inmenso siluro (que identifico como un Gran Blanco) atravesando la plataforma. Doy la voz de alarma y salimos a toda velocidad de regreso al barco. Corte a mi camarote. Me asomo y veo en la cubierta a varios periodistas que quieren entrevistarme y que ya están hablando con los conductores del pedaló, cuyos restos flotan despedazados en el agua. Ahí descubro que los conductores son mis padres y que yo soy una niña rubia.

viernes, septiembre 19, 2008

Dos compañeras laborales, dos sueños ladradores

* La primera, V.F., soñó el miércoles que las revisiones médicas a las que anualmente nos sometemos en la empresa venían en esta ocasión acompañadas de tests de inteligencia. Y que para gran sorpresa de todos (pero no de ella) este ladrador crepuscular recibía la catalogación de altamente superdotado.

* La segunda, I.R., llega esta mañana preguntándome si solía ver Primos lejanos. Pues claro que sí no seas r-r-ridícula, le contesto debidamente. A lo que añade que no, que en su sueño servidor era el primo Larry, que ella visitaba mi apartamento, daba con el pobre Balki Bartokomous postrado en el sofá y obtenía al respecto la siguiente explicación: "Lleva aquí desde que acabó la serie".


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viernes, septiembre 12, 2008

¡Advertencia!


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El consumo de pepinillos en conserva polacos puede provocar precipitaciones de agua o nieve en su zona geográfica. Caso de contar con algún amigo o familiar originario de Polonia, ruéguele se abstenga de introducir este producto en nuestro país. (Fuente: Mensaje televisivo soñado y protagonizado por A.I. durante la pasada noche)

lunes, febrero 12, 2007

Cuatro...

...eran los balazos que llegaba a albergar mi cuerpo en el último sueño de esta noche. Doble consideración al respecto: 1) el único que dolía de verdad era el de la ingle, así que servidor iba de hospital a hospital por su propio pie; y 2) en esta ocasión me he despertado ocho minutos antes de la hora en que debía sonar la alarma (puesto que he llegado al trabajo con solo cinco minutos de antelación, la pseudo-pesadilla ha resultado fundamental para la buena salud laboral-ladradora).

sábado, febrero 03, 2007

Soñando las Torres Gemelas

Asisto a una reunión de trabajo en compañía de un amigo. La cita es en un rascacielos en un día festivo, por lo que subimos junto a una mujer de relaciones públicas en un ascensor desvencijado al que se accede desde la parte trasera del inmueble. Mi amigo se baja en las oficinas del piso 15, pero a mí me llevan hasta el 20, donde se encuentra la terraza. Allí la vista quita el hipo: un edificio más alto a la derecha, otro de idéntica altura al nuestro a mi espalda y, al frente, un vacío enfocado hacia el sur de Manhattan donde aparece, manteniendo su posición en el aire a escasos metros de la pared de cristal, un caza del ejército destinado a protegernos. Entonces soy consciente del estado de crispación de los demás ocupantes de la terraza. No logro identificar la amenaza que se cierne sobre nosotros, pero cuando por si acaso intento dar con las escaleras (ahora, ignoro por qué, el ascensor se encuentra un piso por debajo del mío) reparo en que no existen, que a mis pies se abre una caída de veinte pisos de patio interior y que esos veinte pisos son en realidad un añadido a la estructura del rascacielos, que debe contar con sus buenos ochenta niveles. Momento en que una persona se lanza al vacío, lo que provoca un grito de sorpresa en el hombre que tengo más cerca a mi derecha. De repente, el caza se ha transformado en una nave individual que identifico como propia de la Ciudad de las Nubes de El Imperio Contraataca...

Y despierto exactamente treinta segundos antes de las 8:30, hora a la que he fijado la alarma para comenzar a traducir...

jueves, octubre 05, 2006

Sueño

Francisco Casavella no responde a mis llamadas. Preocupado, comienzo a repasar el documento que me pasó por e-mail, el que yo creía compuesto por las primeras nueve páginas de su próxima novela y que tanto había alabado tras leerlo. Y constato que se trata, en realidad, de un artículo publicado por Noam Chomsky en un periódico norteamericano. Y pienso en disculparme ante Casavella diciéndole que la confusión resulta perfectamente normal, pues Chomsky es un grandísimo escritor.

Apostillas:
1)En efecto, Francisco Casavella no responde a mis llamadas.
2) En efecto, Casavella me envió las primeras nueve (magníficas) páginas de su próxima novela (me he apresurado a comprobarlo nada más levantarme) de cara a la entrevista que deberíamos mantener un día de estos.
3) Creo que mi subconsciente pretendía referirse a Don DeLillo, pero en algún punto se ha descarriado y ha acabado citando al bueno de Chomsky.

martes, mayo 02, 2006

Dos sueños (3)

He quedado para ver la final de la Copa de Europa con unos amigos, y salgo del antiguo piso de mi padre (el mismo que ahora, vamos, solo que decorado como hace diez años) con el tiempo justo. La casa donde supuestamente me esperan se halla sobre la ladera del Tibidabo: debo sortear una verja cerrada y subir unas largas escaleras antes de alcanzar la puerta de entrada. Para entonces el partido ya ha comenzado, pero nadie responde al timbre. Llamo por móvil a un tal Ahmed, quien me dice que no tiene ni idea del paradero de Edu y Pedro. Tras rodear el edificio para asegurarme, emprendo el regreso con la insidiosa conciencia de estar perdiéndome el match. Pienso que el resultado debe seguir siendo de 0-0, pues no he oído gritos de alegría o decepción. Las escaleras, no obstante, se han vuelto mucho más empinadas. Al punto de que el último escalón me deja varios metros por encima de la verja, que ahora es doble y aparece coronada por una sucesión de amenazadoras agujas de metal. La farola es mi única opción: me lanzo, me aferro a ella con el brazo derecho y me dejo resbalar hacia abajo. Cuando por fin llego al antiguo piso de mi padre, el partido ha terminado. Al cabo de unos instantes, mi hermana me informa del resultado: 1-0, gol de Iniesta de penalti en el minuto 90.

Veo un documental sobre un pueblo latinoamericano que vive de las piedras. De coger piedras, concretamente. Tienen las manos gruesas y peludas cual hobbits, y comentan que están en peligro de extinción porque a menudo las piedras les caen encima y los sepultan (algo sumamente curioso, pues su actividad tiene lugar al aire libre). En ese momento, uno de los dos entrevistados comienza a disponer las piedras en el aire, hasta formar un techo flotante sobre su cabeza. Quejoso, comenta: ahora hay pueblos que se quedan con las piedras más grandes, no sé si sobreviviremos con estas piedras tan pequeñas…

miércoles, abril 12, 2006

Dos sueños (2)

* Debo acudir a clase de natación en la piscina de mi colegio de infancia y adolescencia. Llego tarde, pero no me preocupa porque cuento con algún tipo de justificación. Tras cruzar el campo de fútbol de cemento, me dispongo a atravesar la explanada de pinos. Algo cae de los árboles: se trata de orugas de un rojo brillante, abominablemente peludas. El suelo está plagado de ellas, ya reptantes ya machacadas por otros zapatos. De repente, soy consciente de que se lanzan con el objetivo de caer sobre mi cabeza, de modo que acelero el paso y me muevo en zigzag para confundirlas. No experimento la menor angustia, ni siquiera cuando una logra aterrizar en mi coronilla. Me desprendo de ella con un manotazo y entro en el edificio de la piscina. Una vez en los vestuarios, me entero de que la clase de natación ha terminado.

* [Haciendo una siesta en el sillón de casa] Me despierto. Me levanto del sillón. La puerta que conduce a mi despacho aparece tapiada con ladrillos. Las contraventanas de madera están cerradas, una luminosidad malsana y húmeda llena la habitación. Pienso en encender la luz, pero cuando le doy al interruptor no sucede nada. [Hace pocos días me enteré, gracias al Waking Life de Richard Linklater, de que en sueños los interruptores no funcionan nunca, nunca, nunca.]

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Waking Life: las luces son o ya no estarán…

miércoles, febrero 08, 2006

Dos sueños

1. Enfermo, llamo por teléfono desde la cama a la madre de mi ex novia (que es enfermera). El aparato es de los antiguos, de disco, y no tiene los dígitos impresos, de modo que una y otra vez debo contar para encontrar el número que quiero marcar. Y una y otra vez me equivoco. Una y otra vez. Una y otra vez. Una y otra vez. Una y otra vez…

2. Voy a jugar un partido de fútbol-sala con una gente a la que no conozco. Mis cuatro compañeros se parecen notablemente entre sí, como si fueran hermanos. El caso es que, una vez comenzado el partido, no hay forma de que nos entendamos. Me hacen los pases un metro demasiado largo o un metro demasiado corto. Si corro en profundidad, buscan la pared. Si ejerzo de pivote, me lanzan el balón en carrera. El partido está a punto de acabarse y no he tocado pelota…

1 bis. Una y otra vez. Una y otra vez. Una y otra vez. Una y otra vez…

miércoles, diciembre 07, 2005

Fútbol (no) es fútbol

Porque ignoraba estar soñando, al ver que el extremo alemán se dejaba la pelota ligeramente atrás, he intentado lanzarla a fuera de banda estirando la pierna. Y he despertado con el sorprendente, sonoro y doloroso golpear de mi pie derecho contra la pared que acompaña el lado norte de la cama. El fútbol es un estado mental. Y, mis noches, un constante quiero y no puedo.

lunes, octubre 03, 2005

Efectos secundarios

Han comenzado a darse con nocturnidad y fantasía, a lo largo de mis últimas siete horas de descanso. Adjudico su causa principal a la sobredosis de sal ingerida durante los actos gastronómicos propios del Premio Torrevieja de novela, celebrado en la villa alicantina entre viernes y sábado. El caso es que he soñado, sin orden ni concierto ni solución de continuidad, lo siguiente:

- Que Saddam Hussein era exhibido a la entrada de un centro comercial norteamericano. El ex dictador, vestido con harapos y un extraño sombrero, dedicaba una mitad del tiempo a desfilar marcialmente y la otra a ingerir con pasión iraquí hamburguesas de McDonald’s.

- Que en el mismo centro comercial tenía lugar un concierto de David Bowie y los Backstreet Boys. El Duque Blanco se llevaba fatal con sus escoltas metrosexuales, pero aún así el show tenía su qué.

- Que me convertía en el juguete sexual del personal (femenino) de una academia británica.

- Que era el protagonista de una versión londinense y contemporánea de La guerra de los mundos. Todo comenzaba cuando por fin éramos conscientes de que las nubes sobre East Kensington seguían el mismo patrón morfológico (imitaban una y otra vez el pefil de los cinco continentes tal y como los vemos en un mapamundi). Acto seguido, el Támesis sufría una aterradora crecida y yo corría en busca de mi hijo adolescente. Al que encontraba en el interior de un Dunkin’ Donuts. Y, al verle la cara, pensaba: “¡Dios, es clavado a Barney Gumble!”.