lunes, julio 04, 2005

Yo sorbo, tú sorbes, él sorbe...

En el número de julio-agosto de la revista LATERAL...

"Tras su paso por la narrativa juvenil, el barcelonés Milo J. Krmpotic (1974) se estrena en la literatura para adultos con Sorbed mi sexo, última apuesta de Caballo de Troya, sello con que el infatigable editor Constantino Bértolo pretende llamar la atención sobre los nuevos autores a tener en cuenta.

En
Sorbed mi sexo, Krmpotic propone un acercamiento a la figura del malogrado cocinero francés Paul Boissel, famoso en los años setenta por sus performances de cocina erótica, aunque especialmente recordado por las circunstancias de su muerte: caído en desgracia, a los 49 años de edad Boissel se cercena el pene y se deja morir en su apartamento de París. Sin perder nunca de vista este hecho definitivo, la novela adopta la forma de una heterogénea investigación –que ocupará tres años al narrador, álter ego del autor– con el objeto de reconstruir la biografía del suicida. Para este fin el Krmpotic narrador se vale básicamente de dos fuentes: más de un centenar de entrevistas realizadas a familiares, amigos y conocidos del cocinero y los Cuadernos del propio Boissel, publicados tras su muerte.

Quienes conozcan lo que hicieron Julian Barnes y Pierre Michon con sus respectivas biografías de Flaubert y Rimbaud, extraordinarias ambas, podrán hacerse una idea bastante aproximada del artefacto narrativo que ha urdido el autor.
Sorbed mi sexo no alcanza la calidad global de aquéllas, pero sí consigue momentos de notable inteligencia literaria, manejando con oficio recursos como la perspectiva múltiple y la fragmentación. Aunque los dos rasgos que a mi entender mejor definen el estilo de Krmpotic son la precisión y pulcritud en el uso del lenguaje y la elusión de la representación directa de lo narrado, esto es, el uso del desvío y el circunloquio.

Para tratarse de una primera novela pocas cosas pueden anotarse en el debe del autor. Acaso su excesivo afán por resultar brillante; como si Krmpotic se hubiera exigido convertir cada una de sus frases en una pieza de ingeniería. La contrapartida a esta brillantez es que en algunos tramos la técnica y la lengua ahogan a la historia, lo que también obliga a un esfuerzo de lectura que lectores poco entrenados difícilmente aceptarán.

Hay un último asunto –que de algún modo también es el primero–, del que no voy a dar pistas para que sea el propio lector quien lo descubra. Este asunto tiene que ver con los estatutos de la realidad y la ficción. Sólo advertiré que la novela desborda el ámbito usual reservado al texto novelístico, por lo que el lector hará bien no pasando por alto ninguna de las páginas impresas del volumen. De este modo dispondrá de todos los elementos para apreciar en toda su complejidad el ingenioso juego metaliterario que Krmpotic ha escrito con seriedad y rigor."
FRANCESC NADAL

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