miércoles, julio 04, 2007

Ecos sevillanos

Escribió José Andrés Rojo, en su crónica sobre el Atlas Literario Español del sábado pasado en El País, lo siguiente:

"(...) La nota esencial es la variedad. (...) no comparten influencias, no se leen, no creen en grupos, no les interesa la política. Ni siquiera tienen la misma edad (...). Otra característica los emparenta: su interés por el cine. Si se sumaran las referencias hechas a películas y escritores, las primeras ganan por goleada. Se habló poco de literatura. Casi no se mencionó a ningún autor español y que pertenezca a una generación cercana. Estos autores son cosmopolitas, tienen una gran familiaridad con la televisión, están sometidos a influencias muy diversas -casi ninguna de la palabra escrita- y se sirven de las nuevas tecnologías. El corolario es previsible: cada cual va a su bola, pero todos mezclan referencias variadas y, en general, hacen una literatura híbrida. Muchos viven o quieren vivir de la escritura. Así que pasan de transmitir grandes entusiasmos. Prefieren saber qué hay que hacer para salir de pobres."

Palabras que han provocado cierta indignación en el blog de más de un asistente al congreso y que, en cuanto asistente al congreso y dueño de un blog, motivan a su vez los siguientes ladridos crepusculares por parte de este ladrador crepuscular:

1) En efecto, tal es la impresión que más de una y más de dos mesas redondas produjeron. Algunos fueron culpables por acción, y es de recibo contarme entre los que lo fueron por omisión: no dije haber leído a una decena de los presentes, no reivindiqué mi admiración por Casavella, no reclamé que dejáramos de hablar de dinero, no manifesté mi afinidad respecto al grupo de los Ricard Ruiz, Gabi Martínez, Álvaro Colomer...

2) ¿Por qué Rojo construye su crónica a partir de la negación? Mentir no miente, pero prefiere por ejemplo recordar que no nos hemos leído entre nosotros a destacar a quienes se declararon interesados en leerse más...

3) En su blog El rincón del distraído, Rojo recuerda las influencias (literarias) esgrimidas por Luis Manuel Ruiz y Ricardo Menéndez Salmón. Sin escarbar demasiado en la memoria, recuerdo a bote pronto a otros dos o tres autores mentando a George Saunders y David Foster Wallace. Por no destacar que, tinto en mano y tapas frente a la boca, Menéndez Salmón y Agustín Fernández Mallo prefieren hablar de Wittgenstein antes que de fútbol o de las medidas de la camarera. ¿De verdad es ésta una generación catódico-iletrada?

4) A favor de Rojo, concederemos que el Atlas siempre debió ser poco noticiable, por heterogéneo. No se nos reunió, entiendo, a raíz de unas condiciones existentes a priori (edad, intereses, número de títulos publicados o de premios recibidos, amistad...) sino por cuanto pudiera surgir a posteriori tras esta toma de contacto. Los resultados de la experiencia quizá, sólo quizá, serán noticia de aquí a un lustro. Demasiado lejanos y demasiado inasibles, sin duda, para el gusto del plumilla periodístico (una obviedad no recordada por Rojo: Espido Freire es notablemente más atractiva que Álvaro Colomer).

Todo esto, desde luego, se ha dicho antes y se ha dicho mejor. Me remito, por ello y a modo de colofón, al siguiente comentario de Ricardo Menéndez Salmón en el ya citado blog de Rojo:

"Quizá somos pesimistas o cargamos demasiado las tintas porque amamos mucho más de lo que creemos esto que hacemos. Al menos mi impresión en los pasillos, aledaños y bares del Congreso fue la de encontrarme, en 9 de cada 10 casos, con gente que no sólo tiene muy meditada su concepción de la literatura, sino que se siente ligado a ella por vínculos que comprometen su vida entera. A mis colegas de Congreso le brillaban los ojos al mencionar ciertos nombres. Doy fe de ello. Y ni los alcaloides ni los caldos andaluces tenían la culpa de semejante entusiasmo. Hablar con Álvaro Colomer, Vicente Luis Mora o Gabi Martínez, escuchar a Milo Krmpotic, Jorge Carrión o Juan Carlos Gea, no sólo me invita a pensar que la literatura española, independientemente de sus etiquetas catastrales (al fin y al cabo, qué es la edad sino un expediente burocrático), posee un futuro, sino que me anima a afirmar que tiene un presente, no sé si admirable pero en cualquier caso respetable."

Amén...

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